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— 260 — Cruz; ¿qué sabes lo que es honor y estimación? An- da, Señor, que tú no sabes de eso! es muy dura esa ley para nosotros! Levanté aquí turiosamente el grito contra el pueblo, dando á conocer algo: lo horrible de esta blasfemia, expresión tan común en el interior de los que se hallan entre odios, y concluí por pedir al Señor se levantase á juzgar su causa; y finalmente le pedí diese nuevo ejemplo de perdonar á los enemigos perdonándome á: mí, étc., A esto se deshacian en llanto, se tiraban algunos por el suelo y fué notable la conmoción de todos. Las resultas fueron prodigiosas; se reconciliaron todos, se trató de finalizar los pleitos, y astse efec- tuó en los dos ótres posteriores dias que allí seguí predicando, y con pasmo y admiración de cuantos lo: han sabido, se compuso á mi satisfacción todo, porque unos y otros se pusieron en mis manos y quedó todo remédiado: Dios sea alabado por todo. Otro caso notable sucedió en esta ocasión y fué, que unos señores de un pueblo algo distante, vinieron con un niño único, heredero de sus creci- dos caudales, para que le dijesé algún Evangelio; por estar totalmente baldado de piés á cabeza; he- cho esto se volvían con el desconsuelo de no'haber logrado alivio, pero dejándose en el pueblo una an- tigua notada enemistad con otra familia. En él ca= mino se volcó el coche, arrojó á todos fuera por los suelos y pasaron las ruedas por sobre las señoras sin: hacerle daño alguno: con esto, por el susto sé volvieron á Baza para sangrarse sin queter,ó sin' saber cómo;fué aquel día siguiente la función dicha; asistieron á ella y resultó el: reconciliárse con sús enemigos, causando no pequeña admiración en to- dos este suceso. Voy abreviando porque no puedo'más. Los dos

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