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a e3 TA contricción son ardientes y tiernos para el pueblo que se deshace en lágrimas, especialmente los eclesiásticos, y sobre todo el Ilmo. La predicación es en la Plaza por el numeroso concurso de las vecinas poblaciones. Su lima. no me quiere dar li- cencia para confesar, y así tengo algún tiempo pa- ra responder á varias cartas atrasadas; para cuyo expediente reconozco una no pequeña facilidad; bendito Dios! Conozco (y así lo agradezco) lo de- bo todo á la dirección y leyes que usted me dá. Este limo. es monje Jerónimo, de vida incul- pable, y grande amigo de Dios: lo infiero de su profundísima humildad que no admite ponderación, desu pobreza, de su caridad y de una terfñura de corazón tal, que de cualquiera cosa devota llora sin término. Le debo mucha caridad, y particular satis- facción: quiere comunicarme su interior y Sus in- tentos de retirarse, y que en todo hará lo que le diga este ignorantísimo sacerdote. Solo su aspec- to edifica; viste con el mayor rigor su hábito, sin otro distintivo que el cuello, vueltas de la capa, el pectoral, el anillo, y el forro del sombrero. Quería ir conmigo á Baza á pié por varios disturbios que allí hay, mas estoy en decirle no conviene, pueslo ha dejado á mi voluntad: parece se saca mucho fru- to. Dicho Señor había dado orden en el pueblo de su jurisdicción, donde había de parar en mi viaje, se nos dieran todos los honores que ásu persona; y así salió el Padre Cura, la Justicia, con todo el lu- garito; solo faltó el palio, pues hasta las campanas repicaron. ¿A qué digo todo esto? Por obedecer á usted: el Señor le dé á conocer mis faltas de hu- mildad en la vergijenza con que lo digo. No acabo todavía: mefalta decir que estos días stímulus carnis mec anda tan furioso que me tiene

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