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resignación, devoción, y no pequeño esfuerzo. So- lo me afligía y aflige sin consuelo, si disgusté á Dios en algo. A mí me parece no fué mio, porque en las pocas horas que tuve para pensarlo no me ocurrió otro asunto ni otras especies, y aun algu- nas vinieron estando preparándome para decir Misa, de suerte que hube de apuntarlas;conocí ape- go interior en ellas, y me acordé de las instruccio- nes que debo á usted sobre esto, y por ellas creo me goberné. Yo llamaba á usted sin cesar, y con todo recurría á usted antes, en la actualidad, y des- pues del semón. Si he errado, lloraré mi culpa y haré lo queusted me mande. Otra especie particular dela misión de allí fué en el sermón de la despedida: este no pudo ser en la Catedral por el excesivo concurso; hubo quime- ras, espada en mano dentro dela Iglesia, pero no desgracias. ¡Bendito Dios! Movido de esto dispu- so su Ilma. fuese en un campo que dicen del Triun- fo que está delante de nuestro convento, y tendrá tres ó más tanto que la Alameda de esa ciudad. Aquí prediqué desde lo alto de una tapia. La espe- cie fué que despidiéndome de todos, manifestándo- les el amor que les tenía, les dije, que cuando alguno se viera enel Tribunal de Fesucristo mi Señor apreta- do de los cargos, me llamase, que yo abogaría por él desde acá, y representaría la devoción con que había con- currido á otr la palabra de Dios, etc. Esto ocurrió allí con no pequeña fuerza y devoción; lo resistí una vez, y volvió otra con igual fuerza, y á la se- gunda ó tercera ocasión -la dije: conocí gran mo- ción en el pueblo, pero no sé más de sus efectos. Estos arrojos mios me dan no poco que pensar des- pues; pero desecho toda reflexión, dejándome á Dios, para que haga lo que guste de mí. Pero, ¿y si
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