BCCPAM000535-7-08000000000000

— 249 modestia y suavidad; solo levanté la voz en alguna autoridad latina que re'ería; lo demás fué sereni dad y mansedumbre, y concluí con decir á la Uni- versidad que este era el fin de su establecimiento or el señor Carlos V, el estipar errores, etc. Que 4 eso me había obligado la tarde antes con jura- mento solemne, y que todos debíamos cenñir la es: pada como los setenta valentísimos de Israel, para defender el lecho de la Esposa. De aquí resultó que muchos señores del Acuer- do lo tomaron tan mal, que sejuntaron á tratar del sermón, y enviaron una diputación al Sr. Arzobis- po (que no estuvo en la función, porque dice que oculta fuerza le obligó á no ir) quejándose de que había yo hablado contra el Gobierno. Entre los se- ñores de la Chancillería muchos son en extremo afectos á mí, otros desde este caso nó. Su Ilma. con buen modo aplacó los ánimos para que no se avi- sase á la Corte por oficio, y le satisfizo con que me prevendría no volviese á tratar de estos puntos,co- mo así lo hizo, llamándome separadamente y con mucha caridad y modo, exhortándome á que no predicase estos asuntos, porque me ponía en peli- gro de que me quitasen de arriba la predicación, y perdía predicar mil sermones por predicar uno y sin fruto. Le agradecí su caridad y le dije que si había errado, me perdonase: me dijo que no había yerro, sí solo no ser tiempo ni lugar para estas doc- trinas. Después supe por un sujeto particular y distin- guido, que otro estaba escribiendo, y en aquella noche había escrito tres pliegos para la Corte. Aquí hizo la carne su oficio en un poco de sobre- salto; pero se quedó en los principios y se. redujo mi desconsuelo al interior, pero con paz, humildad, y e

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz