BCCPAM000535-7-08000000000000

cía como enfadarme: mi interior me parece lo mi- raba esto con indiferencia y sériamentelo dirigía á su legitimo dueño: procuraba tirar mi corazón al suelo para que lo pisasen los que aquello hacian. Parece- me me libertó el Señor de toda vana complacencia, mas no me fío, porque si esto faltase, quizá me hu- biera disgustado; no tengo duda! Ecija es buen tes- tigo de esto. Lo que sí me hacía mucha fuerza era ver llorar las gentes, pobres y ricos; los señores y aun los sacerdotes de solo verme, se tiraban á tie- rra, se ponían de rodillas, cuando me veían venir ó pasarinmediato. ¡Oh cuanto me pesa esto! ¡Oh que cuchillo es para mi corazón! Dios se lo dé á usted á conocer, pues yo no lo entiendo ¿A qué he de cansar á usted con esta impertinente relación? Digo, Padre de mi alma, que no sé si harían más aquellos del Evangelio que seguian á mi Señor y Redentor. Lo propio sucede aquí, por no cansar luego con repetir lo mismo. Allá y acá se despueblan los lugares co- marcanos á oirla misión y pedir cédulas. Entre todo esto lo que más me mortifica es ver estos aplausos en los religiosos propios y estraños, el tratarme con distinción y explendor apenas pue- do sufrirlo; por lo comun callo, pero con una for- tísima interior violencia: esto es, darme asiento principal én la mesa, tratarme con cumplimiento, . el mejor ornamento y solemne aparato para la mi- sa, ser los Prelados los que la avudan y otras cosas á este modo. Deseo saber, si he de hacer más re- sistencia hasta negarme todo ó si condescenderé como hasta aquí, por no ser porfiado. La desazón que ha ocurrido ha sido causada del sermón de la Universidad; el concurso fué el más temible, porque hubo soldados para que solo entrasen persohas distinguidas; fué inmenso «el

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz