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NOTAS El Padre González, que como varón justo no perdía nunca de vista el trance de la muerte, dice en esta carta que en esa hora quisiera tener á su cabecera al Beato Die- go; gracia que le concedió el Señor, como en su lugar ve- remos; y parece que desea esta gracia con derecho, esto es, como recompensa de haber asistido él á Fray Diego en una enfermedad que lo puso á las puertasde la muer- te, y así dice: Quisiera que estuvieras conmigo, como yo es- tuve á tu cabecera, etc. De esta enfermedad dice el mismo Beato Diego en la oración fúnebre que predicó á su Di- rector lo que sigue: «Notorio fué á todos la grave enfermedad que padecí yo aquí, y por ella no pude continuar en esta Ciudad.Pa- ra mí y para otros era cierta mi muerte en aquel tiempo, por las gravísimas razones que para creerlo así nos asis- tían. No me quedó la menor duda,cuando el mismo Padre González en las diarias caritativas visitas que me hacía me lo significaba en terminos nada equívocos; pero aña- dió, que Dios me dilataba la vida para qué entendiese debía emplearme en el ministerio de las Misiunes En lo más grave de la enfermedad y en una de sus piadosas vi- sitas, despues de haberme exhortado como en las demás á la negación de mi propia voluntad sobre el éxito de mi padecer y á la resignación perfecta en la de Dios, puesto en pié se acercó á mí y con voz imperiosa pero agrada: ble me dijo: Vamos á vivir Yo que por mi errado modo de pensar, ó por el miedo con qué miraba los peligros de es- ta vida deseaba entónces morir, le hice presénte mis te- mores, á lo que hablándome con mayor eficacia repitió: Vamos á vivir para cumplir los fines de Dios, pues hasta ahora nada tiene hecho. Tenga entendido que ha de hacer misión en Córdoba,Granada, Jaén, Andújar, los Puertos, Toledo, Madrid, Zaragoza, y otras partes. No debo omitir
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