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Ai PP. a rms, A A AN E AA A o o y 236 — de los prójimos, á combatir con denuedo el entronizado y dominante libertinaje, y disipar las espesas tinieblas de la falsa iluminación. Déjate formar Ministro, pues para eso estás en el mundo, -y luego que estés, cual te quiere el Señor, ya proporcionado, verás lo nada que es lo que tocas en el día, con lo que esperimentarás en su tiempo oportuno. EFyate cuanto más puedas en el fondo de esta verdad. Nada bueno es de Fr. Diego; pero Fr. Diego con su Dios puede todo lo bueno. Puede abísmarse, y que nada de los aplausos, de los honores, de las aclamaciones, de los milagros, (cada sermón es uno) llegue 4 su corazón. Fuede gozarse de que Dios sea en él honrado, y distin- guido suministerio. Puede renunciar á toda consolación sea la que fuere y abrazarse gustosísúmo con la insensi- bilidad, amargura, desolación, y asombrosa ingratitud conocida y no enmendada, no por querida, sino por su propia miseria y permisión divina, que no debe escudri- nar. En una palabra: cuida de la honra de Dios, y salvación de los prójimos, dejándote todo y sin reserva dla divina Providencia y benep.acito. Este es en el día tu camino; síguelo, y ya que no puedes omitir la misión de Guadix y Baza (quiera el Señor fortaleccrte), predicala como la de Granada. Con los pecadores miserables tens de amor, de suavidad, de dulces reconvtenciones, y aun en las verdades terribles sin furia nt arrebato de celo indiscreto. Contra el error dominante con cuanto ardor se te dé; pero no al princi pio, síno cuando veas que te oven con rendimiento y apre- cto. No son, Fr. Diego mio, las Ciudades de la Anda- lucia «l campo de batalla, en ellas hay tropillas que combatir de rlustrados; pero como pocos, cobardes, Y que solo sirven para irse aguerriendo yenscñando á pelear. El cuartel general y la tropa agucrrida está donde te llevarán, pero no ahora, porque no estás como debes tr.
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