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Volviéndome de aquí á Málaga, puedo tomar algunos dias de descanso, y despues dedicarme sin mucha fatiga á evacuar el asunto de aquellas tres almas, que me esperan para el remedio suyo, lo considero mucho más importante que mi con- suelo, y el de esa pobre criatura. Con todo yo haré lo que usted quisiere. Mi predicación fuera de.la Catedral es dulce, cariñosa y suave; los afectos de contrición con el Santo Crucifijo tiernísimos y eficaces, y para mí poco Ó nada trabajosos, aunque nada dulces en mi interior, porque siempre soy piedra insensible; veo no son para mí, y asíme conformo con mi ama- da compañera la insensibilidad, tiniebla y amargu- ra. Mañana y pasado por las mañanas predicaré á la Ciudad á puerta cerrada. Su llma, piensa en que predique á la Cancillería y á la Audiencia eclesiastica, cárceles, etc:; el confesonario no lo sigo, porque no hay tiempó para ello. Del interior sigo trabajoso, poca oración, y menos recogimien- to; pero me pareee no anda Dios muy lejos. Veo en míun caos profundísimo de culpas y miserias, más en número que átomos el sol; voy á buscar- las y no las encuentro. A este estado me ha traido mi amor propio. ¡Dios se apiade de mí! Deseo á usted, Padre de mi alma, la mejor sa- lud, y le pido no olvide en sus oraciones el móns- truo de este hijo, quizás abortivo por sus horroro- sas culpas. Yo clamo y clamaré al Señor me guar- de á usted en su santo amory gracia los muchos años que puede y he menester. De V. su indigno hijo que de corazon lo ama y venera y S. P. B. o Ñ € ,” y: dí. Diego Jos de Oádiz, P. D. Los terremotos repiten, y ayer á las 8 poco másde la mañana, dió uno fuerte, pero breve.

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