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o ZA cho y yo lo ignoro, si no es algun otro raro que llega á mi noticia, que ni aún puedo asegurarlo. Ya, Padre de mi alma, me hallo en esta Ciudad, y hoy por la tarde doy principio en la Santa Igle- sia Catedral. Quiera el Señor sea á mayor gloria suya. Todo el Pueblo está tan conmovido como alborotado con la misión de este indignísmo mi- nistro de la divina Majestad. En dicha Iglesia es- taré 7 días, de los cuales el último 6 cuando más los dos últimos hago ánimo de tratar contra las doc- trinas de este siglo, acomodándome ó siguiendo la orden de usted, de la que con el favor de Dios no me separaré un ápice. El Ilmo. sigue las doctri- nas modernas, bien que es celosísimo de su grey: Me ha recibido con singulares demostraciones de benevolencia y urbanidad, ofreció su Palacio para mi residencia, mas no lo admití, y sí el estar estos días en el convento de R.R. P.P: Agustinos Calza- dos, y después según los sitios de la misión. Ayer hice una especie de retiro espiritual pa- ra prepararme, y advierto mi interior sereno, y na- da turbado, aunque el amor propio no deja de ir y venir con sus cosas, que procuro sacudir con la fé que usted me manda. Antier ya cerca de anochecer, paseándome por un dormitorio escusado, donde había una pin- tura de la Purísima Concepción de Nuestra Seño- ra, revolviendo en mi interior las cosas de la mi- sión y mi miseria, me llegué al cuadro y arrimada á él la cabeza, me ofrecí á mi Madre y Señora, maniféstándole mi ruindad. para esta grande obra; y estando así, se me ocurrió á la idea Óó se puso en la imaginación ó pensamiento, (sin ver cosa alguna, ni perder la actual reflexióny co- nocimiento, sino lo mismo que ahora que escribo

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