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211 Dió un trueno bien fuerte, y sin poder contenerme, eché á llorar abrazado con el Crucifijo que uso en el pecho, pidiéndole por Málaga, que no hubiese desgracias: repitió otro bien recio, y me deshacía clamando;Por qué los has de castigar? No estoy yo aquí que soy el deudor? Dónde quieres que vayamos? No, no los castigues! Si son criaturas! etc., etc. Aquí sentía unos afectos de caridad para con los prójimos, que todos los proponía al Señor, el que fué servido que en aquel ser se quedase la tormenta y nose oyese más trueno en la noche: no lo atribuyo á mi ora- ción, porque sería disparate. Antes de esto, y al principio de la tormenta se me puso en el pensa- miento, que si yo fuera como mi Padre San Fran- cisco le sujetaría á Dios los brazos para que no castigase al pueblo, y en esto conocía no poca de- voción interior. Con el motivo de haber predicado la Pasión el Viernes santo en Santa Clara (que lo hice histo- riándola, casi hice ánimo de no predicarla más así, sí como usted me la oyó en es esa Santa Iglesia Catedral, porque estuve fatalísimo. Yo haré lo que usted disponga. La Biznieta se ofrece á usted muy de veras. Yo le entrego mi alma toda para que me dispon- ga lo que guste. Conduélase usted de mis miserias y píidale al Señor me perdone: yo le ruego me guar- de á usted muchos años en su santo amor y gra- cia. Besa los piés de usted su indigno y más afectí- simo hijo en el Señor.

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