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— 210 — dio, sin otro fin que la mayor gloria de Dios, y bien de los prójimos. Bien pudiera el Señor que los trae darme con que consolarlos; pero ya veo lo que us- ted me dice, que abusaría de ello, y no conviene se me dé, Aquí siguen, bendito Dios, los frutos de la mi- sión, pues en toda la Semana santa no se ha presen- tado profanidad ni indecencia alguna en el públi- co. Entre este fruto cuento tres personas religio- sas, de las que dos se me han entregado del todo, y la otra la voy conquistando con maña: son cosas muy raras por sugravedad. De estas una es aque- lla Religiosa.... que está en depósito, pleiteando por anular su profesión, ésta de resultas de oirme por las calles con el Santo Crucifijo y en su conven- to ahora ad crates se me ha entregado del todo, tan- to, que aunque le viniera sentencia favorable, dice, no dejaría de seguirme, si yo nole falto en la debi- da asistencia. Esto sucedió el Jueves santo por la tarde; y así me voy con el dolor de dejármela en estos principios, difiriendo su total remedio hasta mi regreso, que con esta novedad intento apresurar. Los pecados del pueblo no dejan de abrumar- me bastante; sin duda porque no reconozco los gra- vísimos míos. Con este pensamiento estaba un día en el coro con la comunidad, como queriendo di- suadirme de su peso, y se me Ocurrió con vivezay eficacia, cuanta era mi deuda á satisfacerlos, en vis- ta de lo que mi Señor Jesucristo hizo y padeció, aún siendo justo, por los ajenos que tomó á su car- go. Con este mismo peso suelo sobresaltarme, cuan- do hay alguna ocurrencia de males temporales en el pueblo. Tal fué la del Jueves santo en la noche con una recia tormenta, en la que me fatigué bas- tante, y viendo arreciaba empezé á clamar á Dios.
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