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NOTAS No se que resalta más en esta carta del P. González, siel director de almas, ó el maestro de oratoria sagrada, Gran director es dando las reglas que debe seguir su diri- gido en la correspondencia epistolar; pero gran maestro y gran padro, trazando reglas de oratoria sagrada al orador sagrado de más fama que vieron los tres siglos úl- timos. Por supuesto que las reglas que le da no son hu- manas, sino celestiales, para atemperar con ellas el fuego divino que Dios derramaba sobre este Apóstol en la cáte- dra sagrada, y no confundir en ella los movimientos de la naturaleza con lós de la gracia. Para un predicador evangélico esta carta del P, González vale por muchos li- bros de retórica. En estas reglas, para que se guarde el Ito. de su propio juicio, le pone patente su Padre espiritual la facilidad de confundir las inspiraciones de Dios, con las del. espíritu malo, ó con las sugestiones del amor propio: pero al fin se ve que tiene por muy cierto haber sido inspiración diví- na lo del número de pecados, y él cargarse con los del auditorio. También le dice con singular donaire cuan cier- to es la de la paloma que le inspira en el púlpito, humi- llándole al mismo tiempo, para que el polvo de la vani- dad no caiga sobre los favores de Dios. Por último, el párrafo en que deja de hablar el Padre y habla el amigo, es de lo más santo y más humilde que se lee en las vidas de los Siervos de Dios. Qué amigo tan verdadero! Qué Padre tan singular! Qué hijo tan superior! Dios crió el uno para el otro y así salieron los dos. Di- chosos ellos! Bien podían contar como un beneficio de Dios la amistad con que El los había unido, como lo confiesa el Beato Diego en la que sigue:
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