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— 206— que la de todos los pecados de Málaga; y sí tú por mi- nistro suyo, y á gloria suya los tomaste, quien quiso ser fiador de los del mundo y los pagó, pagará tu deuda, pues le sobra con qué. Obra en esto en” lo sucesivo con reflección; pero sy aún á veces te falta, alienta tu cari- dad, y carga cuanto te carguen, que quien carga dará hombros y premios. Convengo que cesen ayunos, abstinencias y cilicios solo cuando estés ó vayas al púlpito: que te alimentes y duermas y que sín necesidad ú obediencia, no te arro- jes á tareas, que puedan otros evacuar; sobre todo te recomiendo la fé viva en un Dios, con cuya gracia todo lo puedes. Féviva, Fr. Diego, hajo mío amadísimo! fé viva trastorna montes, fé viva es la vida de un misto- nero, fé viva será en tí cuanto el Señor quiere que con ella seas. Así lo quiere Dios, así lo recomiendo á nombre suyo; y así con todo el imperio de la potestad que sobre tu alma me dá mi empleo, te lo mando! Hasta aquí tu Padre González; oye ahora á tu afectísimo y singu- larísimo amago. Los que lo son miran como prop10s y comunes sus bienesy pueden con esperanza, virtud teológica, uno al otro, esperar, y desear la eterna vista del supremo Brén, y cuanto á ella se ordena. Cuanto te la desea tu Padre y amigo González, yo lo sé! Cuanta sea su necesidad, su infelicidad, su amor propio y sus miserias, no lo puedes tú comprender. Por Jesucristo, amigo mío, Mi- serere mei, miserere mei. Quiero ser útil ministro; ¿y lo soy? Quiero ser humilde; ¿ y lo soy? Quiero pure- za de intención, de pensamiento, de cuerpo y alma; ¿y la tengo? Quiero reparar sesenta y siete años malísi- mamente empleados; ¿y pongo los medios? Quiero llorar tanto dispendio del tiempo y de las infimtas gracias malogradas, y soy un tronco, un insensible, un duríst- mo pedernal. Fr. Diego mio, hijo de mi alma! amigo

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