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E AN 3 AVI HA — 200 =z $ las confundas con las que no lo fueren, y sepas distin- puúirlas y manejarlas,) sujetarlas á la inspección del que te conoce y experimenta, vela sobre tu conducta y Puega incesantemente al Señor le dé luz para que puedas preventrie, preservarte del engaño, instruirte y alentar tu irresolución? ¿No desagradará á Dios que ocultes los sentúmientos de tu interiory los externos del mints- terio, á su Ministro y Padre amantísimo tuyo? -Queden estas for reglas generales, y haz por no descuidar, (que así lo mando) su observancia. Fr. Diego mío, no dudes que pues yo, siendo el que el Señor cxmoce y quisiera no ser, me he hecho cargo de tu alma y magisterio, y que por medios tan imprevistos nos ha unidocon tanta ínti- midad cuanta tú y yo sentímos en nuestros corazones, quere que yo me encargue enteramente de tí; y que tú sin reserva te dejes á mi, dándome noticia de cuanto en tí obre; y con sus asistencias obres tú. Veo no lejos lo mucho que el Señor va dá fiar de tu insuficiencia; veo algunos de los medios; veo las contradicciones que has de sufrir y veo los irresistibles esfuerzos de la palabra suya, que quiere anuncies (enviado suyo) á los pueblos, en este tenebroso y en pretensión ilustrado siglo. Pero como veo también cuan pura debe ser tu inten- ción, cuanta tu fé, tu confianza, tu celo, tu constancia, tu prudencia, tu resolución, ' tu humsldad: tu amor ú Dios y á los prójimos, preveo cuanto ha de oponer el mundo, el infierno, y ha de permitir Dios, para confu- sión de ambos, á quienes armado de su poder venterás, y pondrás á los piés del Crucificado que anuncias; qui- siera, aunque soy el que soy, no perderte de vista, por- que quiere el mismo Señor que te conozca, te penetre, ame tu acierto; y tu conoces > por propia experiencia enanta eficacia tienen sobre ti las palabras: que pone en mí para que te las diga. Sí es visto que es voluntad de Dios, le vigas en mi, debes para oirme hablár-

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