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. 196 4 NOTAS Los castigos divinos de que libran á los pueblos las almas justas y santas que en ellos viven, están claramente consignados en la sagrada escritura, sobre todo en el pa- saje de Abraam, pidiendo á Dios por las ciudades pecado- ras del Pentápolis. Pues otro Abraam fué el Bto. Diego para Málaga en la ocasión presente, pues dice que le mo- vió á dar la misión la necesidad del pueblo y el haber enlen- dido de otros que le amenazaba un castigo de Dios. Estos otros, suponemos que serían las almas sarrttas con quienes él tenía comunicación intima, especial mente las religiosas que dirigía. Si los pueblos cristianos conocieran sus verdaderos intereses; si tuvieran fé y penetraran cuan relacionadas están las cosas del cielo con las de la tierra, y las de esta vida con las de la otra, procurarían que en sú recinto vivieran muchos amigos de Dios, muchas almas justas, y fomentarían la piedad, y edificarían conventos, cuidando de que en ellos hubieran santos como Teresa de Jesús, Inés de Benigavion, Domingo de Guzmán, Pedro de Alcántara, Tomás de Villanueva, Diego de Cádiz, y otros mil, que atrayeran sobre la tierra bendiciones del cielo, y sostuvieran con su oración la indignación di- vina provocada por los pecadores. Cada convento de re- ligiosos ó religiosas penitentes y sautos, es un verdadero para-rayos que detiene las iras de Dios; y los perseguido- res de 0sos religi»sos y religiosas son los mayores y más rabiosos enemigos de la felicidad de los pueblos. Sobre los de España ha descargado esa ira divina, porque ha faltado quien, como Moisés, detuviera el brazo de las ven- garzas divinas; por eso hu llegado nuestra pobre patria á donde se encuentra al terminar el siglo XIX. El número de pecados de que hu:bla el santo fué sin duda inspiración de Dios, pues de otro modo no hubiera

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