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li > di ¡ARE GA 194 — hecho derramar algunas lágrimas en la oración el nuevo peso que sobre mí he cargado, porque no sé si por él me perderé y perderé á mi Dios para siempre. Otro desconsuelo gravísimo tuve de nó haber hecho un evidente prodigio, cuando las tropelías del señor General, mandando á las mulas que adora- sen á su Criador allí presente; mas mi falta de fé y mi cobardía me lo impidieron. Mucho voy cansan- do á usted; mas todo quiero comunicárselo. Una especie he oido, que se yó si con gusto ó con el modo debido. Se cuenta por la ciudad y fuera de ella, que en esta misión deseó un pobrecillo gana- dero sencillo y rudo oirme algun sermón: para es- to dejó una tarde su ganado y se vino al Pueblo; llegó al sitio donde estaba predicando y á poco ra- to se volvió á su campo. Preguntole después su amo que le había parecido el sermón, y respondió: 4que llo yo tambien lo diría; sí el Padre tenía una Paloma blanca que se lo iba diciendo todo al ordo!Confieso, Pa- dre de mi alma, que, aunque la fé nos enseña esto, lo digo con rubor por lo que usted no ignora del que soy; pero ¿cuando seré otro? Esto me trae tan amargo, que rinde más: mis fuerzas corporales que toda mi tarea. Mi salud, amadísimo Padre mío, sigue sin-es- pecial quebranto por ahora. No ayuno ni guardo abstinencia, de orden del médico uno y otro. La tarea es fuertecilla, pues todos los días hay que pre- dicar, ó al pueblo ó á las monjas de orden de, su Ilma Confesiones algunos días; consultas las que se pueden, etc. Mortificaciones solo los cilicios duran- te el rato de predicación y no más; así Padre de mi alma, estoy como bruto sin freno, voluntarioso, iracundo, insufrible, tentadísimo contra pureza, y

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