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147 ahora, y de lo otro Poco. Seamos caritativos con nosotros, que así se observa el orden de la caridad santa Si ésta noOS ejercita d soporta? las inconslancias y masertas ajenas, ¿por que no las propias ¿No te sufre Dios? ¿No te tolera? ¿No te espera? ¿No te avisa? ¿No te inspira esos deseos de no ser ingrato? Pues clama, insta, porfía, aliéntate y espera; que cuando convenga, y estés bien comentado en humildad, te dará su piadosa mano, te sacará de tiy te untrá á si. No quieras ser lo que eres, y selo mientras Dios quisiere. Nada te digo de mí, porque ni aun me entiendo. Solo digo que quiero quisteras el bien de mi alma, como yo quiero el de la tuya; que ruegues al Señor no nos confunda en nues- tros respectivos Ministerios; que nos dé luz, y gracia, para su desempeño, y nos haga humildes de corazón. Y desde ahora para siempre te: prevengo,. que me ofendes mucho, si alguna vez piensas que te he de aban- donar, porque seas el que dices. Ah! hijo mio! Si yo le viera en la mayor perdición, cuanta fuera mu ansia por darte, no la mano, sino mi corazón, mi alma, y mil que tuviera! ¿Qué es eso de dejarte yo? Ni me cono- ces; ni me estimas. ¿Me dejáras tú, si yo necesilase de dí? creo que no; y créeme tú, que nada más deseo, que servirte, cuidarte, y ser en Jesucristo inseparable de tí: y en prueba te mando, que ahora y siempre no dejes pasar dos meses, sín darme cuenta, de tus tareas, fru- tos, estado, y sentimientos de tu interior. Sé por la M. Beatriz, que el P. Fernández tiene alivio: ninguno esta enfermita de Casal: mo la olvi- des. Mucho la quiere Dios. He comenzado mi tarea de clase. Adrós, hijo mío; adiós! y que te haga como te desea tu afectísimo Padre, - — “ E ; > ) Yz. Francioco Javier € onsalez. ma, a:

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