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169 cana, Umbria, Ticino y no pudiéndose multiplicar para cantar al cautivo de nuestros Altares publicé un libro que le sirviese de pregonero con el tilulo de «Método 6 sea instruccién para ce- lebrar con devocién y fruto la oracién de las cuarenta Horas» A dicho Padre se le atribuye la antifona, O sacrum convivium que reza el sacerdote después de dar la comunién fuera de misa. Finalmente, lleno de méritos y virtudes, P. José murié en 1556, con el consuelo de vera su institucién establecida mara- villosamente en la Iglesia. Los Capuchinos imitadores fieles del Serafin de Asis, no perdo- naron medio alguno para propagar la devocién al divino Sacra- mento. Al P. José de Ferno sucedieron otros con _pontificios privilegios para la propagacion de las Cuarenta Horas, pasaron por todas las ciudades y pueblos sustituyendo tan provechosa oracién, mereciendo especial menciédn los PP. Matias de Sald, Fi- del de San Germano, Jacinto de Casalmonferrato, Francisco de Soriano, Querubin de Mariana, Juan B de Este (en el siglo Alfonso III, Duque de Modena), Benito de Procera, Alejandro de Busto, Pedro de Martinengo, etc. - Que 4 la Orden de Menores Capuchinos se debe la_ ins tituci n de los Cuarenta Horas, lo prueban Espondano, Beverio, Thiers, Charden, Benedicto XIV y otros. El P Hautins S. S. dice terminantemente: «El primer autor de las cuarenta Horas fué el V. P. José de Ferno, Capuchino, quien durante la guerra entre Carlos V, y Francisco I introdujo esta oracién con gran fruto de las almas y la propagoé por toda la Italia.» HBBHESe Seapaés de la Comuni6n. Iuerme en mi pecho, duerme, No seguid, que 4 quien amo y adoro Jests querido; En mi pecho encontro ya descanso. Yo velaré tu suefio; No habra ruido; Si, duerme, duerme; Que calle entre juncos Porque lleguen tus suefios El salto del agua; A enloquecerme. Que callen los vientos _ (Jue mecen las ramas; Jilgerillo que cn trovas desecho Que cesen acordes Pas al aire tu lindo reclamo, De limpia cascada; Mas bajito... que duetme en mi pecho Que entornen sus picos El divino Jestis 4 quien amo. l.as aves qne cantan; Rumorciillos del bosque sonoro, Que callen las brisas; Tiernas quejas del céfiro manso, Que callen las auras;

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