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156 nino Arzobispo de Florencia. « Violeta de humildad, lirio de castidad, “ rosa de caridad divina» le llama la liturgia Franciscana.... . Cuan 4 enamorado estaba del Corazon de Jestis el corazén de Antonio! Nuestro altar de oro, decia, es el Corazén de Cristo. Alli arde el incienso que sube hasta el cielo, alli se encuentran los suavisimos perfumes que embalsaman la tierra. La meditacién de los sufrimientos exteriores de Cristo, afiadia, es santa y meritoria, pero si queremos hallar oro puro es necesario acudir al altar. interior, al corazén mismo de Jesus y estudiar alli las riquezas de su amor. San Antonio vuelve en nuestos dias 4 ocupar en la Iglesia de Dios el puesto que este le deparara desde que le destind como remediador de todo género de males y consolador de toda clase de aflicciones. Los trastornos politicos, las persecuciones contra las 6rdenes religiosas, la impiedad y el sectarismo consiguieron i el pasado siglo amortiguar no poco el espiritu cristiano y con él también la devocién 4 San Antonio de Padua Mas este vuelve a resucitar en los uiltimos afios del siglo XIX con el pan de San Antonio. El pan de San Antonio tuvo su origen en la ciudad de To. lén con una feliz inspiracidn que 4 cierta jéven, Luisa Bouffier, 4 tan en buena hora se le hubo ocurrido. Dejemos a la misma joven relatar el memorable acontecimiento: «Hace cuatro afios, dice Luisa Bouffier en su carta al R. P. Maria Antonio, capuchino, no tenia mas conocimiento de la devocién 4 San Antonio de Padua que haber oido ponderar vagamente la eficacia de su valimiento 4 fa- vor de los que le invocaban para encontrar los objetos perdidos. Una mafiana no pude abrir mi almacén por haberse roto la cerra- dura de secreto Envié 4 buscar un cerrajero que vino con un manojo de llaves y trabaj6 en vano durante una hora, hasta que cansado ya de un trabajo inutil me dijo: voy a buscar instrumen- tos para forzar la puerta, que de otro modo es imposible abrirla. Durante su ausencia, inspirada sin duda por Dios, dije para mi interior: si prometieses 4 San Antonio un poco de pan para sus pobres puede ser que te concediera poder abrir la puerta sin rom- perla, En este instante volvia el obrero con un compaiiero, 4 los cuales dije: esperad un. momento; acabo de ofrecer 4 San Antcnio de Padua pan para los pobres; hacedme pues el favor de p:obar 4 abrir otra vez antes de romper la pueita, que puede ser que el santo nos ayude. Apenas, condescendicndo 4 mis deseos, meten la pri- mera llave en Ja rota cerradura, y abrieron sin la menor resistencia como si fuera la propia llave de la puerta. Es imposible describir i os la estupefaccién general de todos los presentes; fué ciertamente | grandisima. A partir de este dia todas mis amigas se. unieron conmigo para orar al bondadoso Santo, y hasta nuestras mayores penas fueron comunicadas 4 San Antonio de Padua para que las > remediase, con promesa de dar pan para los pobres; y nos causaban admiracion profunda las abundantes gracias que nos obtenia. Una de mis amigas le hizo promesa de un kilo de pan duran- a _ eae ees
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