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155 gran santo, y mas dichosa atin porque fué testigo de la vida santisima, predicaciones y maravillas del hijo predilecto de la Orden Serafica, Pero. San Antonio no es solamente el Santo de Padua, es el santo de todo el Universo. De :donde sois? preguntaba Leon XIII a Don Locatelli arrodillado 4 sus pies.—De Padua, Santisimo Pa- dre—De Padua? jQué felicidad! Amais mucho 4 vuestro santo, 4 vuestro San Antonio? - ;Ah Santisimo Padre! Como no amarle, ha- biendo nacido y crecido junto 4 su tumba y tener la dicha de llevar su nombre?—Hijo mio, aun no le amais bastante. Es necesario amarle y hacer que sea amado, porque sabedlo bien, San Anto- nio no es solo el santo de Padua <es el Santo de todo el Universo.» En San Antonio de Padua estan como encarnadas las obras de misericordia que el cristiano debe practicar. Los milagros que obr6 en vida y los que hace ahora en favor de sus devotos son tantos, tan raros, y estupendos que se diria juega con ellos 4 no justificarlo la gran caridad de este santo, su ardiente amor 4 Dios, su ardiente celo por su gloria. ... Aqui una madre espera la vuelta del santo para presentarle su pequefiuelo paralitico 4 fin de que lo cure. Antonio extiende la mano, hace sobre el enfermito la sefial de la cruz y este es curado radical é instantaneamente. All4 un padre de familia le pide la curacién de su pequefia hija de cuatro‘afios atacada de epilepsia y es también complacido. A muchos pecadores que habian faltado sa- crilegamente 4 la integridad de la confesién se les aparece en suefos y les dice: »Levantate y marcha 4 confesar el pecado que has cometi- do en tal ocasién y que has callado al confesor.» A la eficacia de su palabra los tullidos recobraban los miembros mutilados, los enfer- mos sanaban, los muertos resucitaban, los tristes eran consolados, los pecadores convertidos, los herejes volvian al seno de la Iglesia y tantas maravillas hizo en fin este gran Taumaturgo, que el pue- blo le did el nombre de Sembrador de milagros Su voz simpdtica nadie se cansaba de escuchar, su palabra era de una elocuencia irresistible, por encontrarse reunidos en ella los dones de la naturaleza y los de la gracia. Al terminar sus sermones «nd mds odios, no mds guerras!» exclamaban las gentes. Haya paz, Dios lo quiere, haya paz, y la paz era devuelta por San Antonio 4 multitud de familias que estaban entre si divididas por odios antiguos, por rencores personales 6 discordias politicas; y los giielfos y gibelinos se daban ptiblicamente el beso de reconciliacién. Todavia no se ha dado cuenta Europa de lo mucho que debe 4 San Francisco y sus hijos. Al frente de los pacificadores de Ita- lia, dice Cesar Cantu, es menester colocar 4 San Francisco de Asis y a4 su discipulo San Antonio de Padua. El Serdfico Doctor San Buenaventura decia de San Antonio: «Tiene la ciencia de los angeles, la fe de los Patriarcas, las celestia- les inspiraciones de los Profetas, el celo de los Apdstoles, la pureza de. las Virgenes, las austeridades de los Confesores, el heroismo de los Martires.» «Es un vaso de eleccién, un Aguila por su doc- trina, un Taumaturgo incomparable» exclamaba 4 su vez San Anto- 20 a 5 i hg ant eens

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