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152 carrera de las penas interiores. Francisco consideraba continua mente las causas de los sufrimientos interiores del Sagrado Corazon © de Jess: La ingratitud de los hombres, el niumero de los que se pier- den, la frialdad dé las almas devotas, las irreverencias en las iglesias, /os sac tlegios etc., afligian de tal manera el corazdn de Francisco, que, para hacer digna reparacién lloraba noche y dia, se mortifi- caba espantosamente, y recorria las ciudades y aldeas predicando el amor y las penas de su dulcisimo Jestis. Francisco ha sido, des- pués de la Virgen Maria y de San Juan Evangelista, el hombre que mds ha sentido los tormentos de Jesucristo, como se lee en una piadosa revelacién. Por esta razén vemos en el escudo de la religién Serdfica, (ademas de los brazos de Jesus y de San Fran- cisco, que indican la semejanza del amante con su amoroso y ama do crucificado) el Corazén de Jesus traspasado con dos dardos. En la vida de la Bta. Margarita Alacoque, apdstol del sagrado corazon, se lee lo siguiente: «El dia de la fiesta de San Francis co, estando ellaen oracién, Dios le puso de manifiesto 4 este gran Santo todo resplandeciente de purisima luz, y como ensalzado 4 una gloria mds eminente que la de los demas santos 4 causa de_ la conformidad que durante su vida tanto le asemejé 4 la pobre- za y a los sufrimientos del Salvador, como igualmente por el pri vilegio Que merecié de ostentar en su cuerpo las llagas santisimas del Salvador del mundo. Hizo Dios conocer 4 su sierva: gue era el Santo especialmente identificado con su adorable Corazén, y que disfiutaba el particular beneficio de alcanzar de El cuantas gracias solicitase; gue el santo continuamen’e se ofrecia & si mismo & la divina Fusticia en union del Sagrado Corazin p.ra impetrar en él y por él misericordia en favor de los pecadores y, sobre todo, en favor de las almas religiosas. Termin6 la visidn con la gracia que le concedié Jestis de darla el Serdfico Padre San Francisco por guia en los nuevos padecimientos que debjia sostener en adelante.» Fr. JOSE CALASANZ, CARDENAL VIVES. (Capuchino.)
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