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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 397 del errado concepto de que todo se concluye aqui abajo, sin darse cuenta de que los bienes del destierro se ordenan a la adquisicién de los bienes de la Patria. Mas a estos errores del entendimiento, a estos vicios del corazén se opone diiectamente el espiritu de Sun Francisco, oportunamente definido como <espiritu de concordia. de amor y de paz» jOh! jcémo Nos regocija el saber que este espiritu ha alentado el reciente Congreso! Nos deducimos de ahi que las resoluciones informadas por él no tardaran en aparecer como bue- na sal de la tierra, como el oportuno remedio a los males de nuestra época. _Esta lejos de Nos el pensar que los Terciarios Franciscanos, reunidos ahora en el Congreso de Roma, necesitaran empezar a conocer los precep- tos de un amor apto para engendrar frutos de paz y de concordia. No sin motivo Nos hemos dicho que los miembros del Congreso Franciscano deben alejarse de él mas enardecidos y mas entusiasmados en el cumplimiento de aquellos deberes que conocian ya como propios de Terciarios Franciscanos. Nos es licito esperar que coronaran la obra necesaria de su individual per- feccionamiento con una accién de apostolado social; como del fuego se des- prende la llama, cuando esta bien nutrido de carbén y combustible y el aire penetra en él, asi los Terciarios Franciscanos, que en el Congreso Interna- cional han conocido cada vez mejor el espiritu de San Francisco, deben pro- curar que de sus pechos se alce la llama del celo y se difunda también en los demas corazones el espiritu de concordia, de amor y de paz. jOh! jdulce y suave esperanza de préxima restauraci6n social! El per- feccionamiento de los individuos esta ordenado a perfeccionar las familias y las familias perfeccionadas mejoraran la sociedad, porque ésta se compone de familias, como las familias estén formadas por los individuos. ¢Y quién po vé cuanto podrd facilitarse la reforma de la familia y de la sociedad, si los individuos, a la irreprensible leccién del buen ejemplo, juntan también la del apostolado? Esta cara esperanza esta tan fuertemente arraigada er nues- tra alma, que aumenta los motivos por los cuales hemos querido alegrarnos hoy con los numerosos Terciarios venidos al Congreso Internacional de Roma. Para favorecer el desarrollo de la llama del celo que debe desprenderse del fuego de caridad encendido en el pecho de todo Terciario no puede fal- tar la suave aura de la gracia divina, pues el espiritu de S. Francisco es el espiritu de Jesucristo. Sin embargo, Nos no quedariamos satisfechos con que esta aura sdlo se dejase sentir de una manera ordinaria en cada uno de nues- tros hermanos en San Francisco. Y puesto que, sin renunciar al nombre pre- ferido hoy por Nos para saludar a los presentes, debemos también reconocer que la altisima dignidad, de que, sin mérito alguno de nuestra parte, estamos revestidos, Nos autoriza para presentar a Dios las necesidades y las aspira- ciones de la Familia franciscana, no queremos dejar de atraer sobre ella, gracias ala bendicién apostélica, una mas larga copia de celestiales favores. jOh Sejior! estos queridos hermanos acaban de reunirse en tu nombre a la sombra del estandarte franciscano. Tu has estado en medio de ellos, como estas siempre «donde dos o mds personas se congregan en tu nombre,» mas ahora que tornan a sus hogares, acompajiales con un aumento de gracia, a fin de que, no solamente aparezcan mejorados individualmente, sino que ce-
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