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596 CONGRESO REGIONAL cién para aquellos estudios y para estos propésitos? Y ahora habéis obtenido esta autorizada sanci6n en el afortunado encuentro con otros hermanos, ya porque toda discusién se ordena siempre a aportar luz, ya mds especialmen- te porque habéis venido a dar a conocer este resultado de vuestros estudios y conjunto de vuestros propésitos donde la luz esplende mas clara, como que ~ se irradia préxima a la Catedra de la verdad. Vaya, pues, Nuestro aplauso para los hermanos reunidos en el Congreso de Roma; vaya para ellos, no solo por el acto de fraterna amistad realizado con los otros hijos de San Francisco, sino también, y mas particylarmente, por la circunstancia del tiempo y por las sabias intenciones con que han intervenido en el Congreso. Ellos estén ya para alejarse de Roma; ya estan préximos a volverse en me- dio de los numerosos hermanos, cuya representacién en los dias pasados han sostenido dignamente en esta Tlustre ciudad. Pero gno proclama la utilidad de su intervencién la autorizada sancién del Congreso? Después de una tal sancién se ha acrecentado naturalmente el ardor del celo con que procuraban ejecutar sus propdsitos de individual mejoramiento: es aun de creer que este mayor entusiasmo no tardard en difundirse entre los hermanos, a cuya compajifa estén ya para volver los afortunados miem- bros del Congreso internacional. jOh! ¢quién no querra, pues, bendecir a este Internacional Congreso, aun porque, con el ardor dcrecentado en los presentes y con el entusiasmo propagado en los lejanos, puede facilitar el cumplimiento de las resoluciones tomadas por los Terciarios Franciscanos en las reuniones diocesanas o regionales que oportunamente han precedido al Congreso de Roma? No podrdé negar su aplauso a esta solemne asamblea quien considere la eficacia que las resoluciones, en ella propuestas 0 sancionadas, pueden te- ner para el mejoramiento de la sociedad, en una hora en que la sociedad tan- to necesita ser mejorada. Puesto que, como ya se habia podido admirar en las precedentes reuniones particulares, asi en el reciente Congreso Interna- cional cha aleteado el espiritu de San Francisco» segtin la autorizada expre- sién del Emmo. Cardenal que se ha hecho intérprete de toda la familia Franciscana. Pero si el espiritu de San Francisco, como también observaba hace un momento el mismo Emmo. orador, es «espiritu de amor, de concor- dia y de paz» ¢quién no dird que el Congreso de Roma merece ser aprecia- do aun por otro titulo, cual es el de haber hecho conocer mejor los remedios que necesita en la hora presente la sociedad, para ser curada de las espiri- tuales dolencias que tan cruelmente la afligen? Es doloroso recordar las agitaciones que la mala semilla de la discordia, alimentada por las facciones de partido, ha suscitado en medio de poblacio- nes hasta ayer calmas y tranquilas; oprime el coraz6n el aspecto de hermanos que se hieren y se matan; es ciertamente ajeno a las costumbres de pueblos civilizados el continuar aposturas de guerra entre stibditos de naciones que, si ayer fueron beligerantes, hoy estan unidas por tratados de paz. ¢De don- de se deriva tanta enormidad de males? Depende del olvido del orden que debe reinar en el mundo; depende de que no quiere reconocerse practica- mente la diversidad de clases que Dios establecié en la sociedad; depende
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