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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 595 MENSAJE DE LOS TERCIARIOS a todos los hombres de buena voluntad, esparcidos por la tierra Los Terciarios de San Francisco, congregados en Roma para la celebracioén de un Congreso Internacional en el mes de Septiembre de 1921, dirigieron el si- guiente mensaje a todos los hombres de buena voluntad. A este Mensaje se adhirieron nuestros Terciarios de Navarra-Cantabria- Aragon e identificados con todas sus ideas y con los deseos que en él se expre- san, hacense eco de ellos y desean que esta invitacién a la paz y a la fraterni- dad, llegue hasta las aldeas mas humildes: Desde la inmortal ciudad de Roma, desde el Capitolio, desde la fortale- za, conocida hoy con el nombre de Aracoeli, semejante a un altar celestial, que ostenta el esplendor de la historia y del arte en torno ala Virgen gloriosa e Inmaculada, nosotros que, desde todos los angulos de la tierra, donde res- plardece la luz vivisima del Cristianismo y suena el dulce nombre de San Francisco de Asis, nos hemos reunido para gozar con Ilamarnos hermanos, y de celebrar al mismo tiempo el VII Centenario de la Tercera Orden Francis- cana, nosotros, Terciarios, dirigimos al mundo cristiano con sentimiento de fraternidad palabras de amor y de paz. A vosotros todos, hermanos de cerca y de lejos, de toda lengua, de cualquiera honrado partido politico, todos, trabajadores de la materia y de la inteligencia, que con la dignidad del trabajo santificdis el pan cotidiano, nosotros queremos devolveros el afectuoso saludo franciscano, «la paz y el bien», antes de emprender el camino del regreso. Amaos los unos a los otros verdaderamente, y con las obras; amad tam- bién a vuestros enemigos; venceos a vosotros mismos y_ venced con el bien al mal. No es posible vivir sin alguna centella de amor. Dios se revela en el Cristianismo amor infinito. El Cristianismo nos Ofrece una nocién sublime de la ley; y por esto es una religion incomparable en su doctrina, ciertamen- te sobrenatural. Amadila con un amor grande y generoso. La sociedad esta hoy necesita- da de brillantes ejemplos de fuerza moral, embrutecida por el horrible espec-

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