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- 580 CONGKESO REGIONAL remedio salvador que la Divina Providencia ofrece al mundo en su angustiosa crisis de costumbres y de fé. Asf, San Antonino de Florencia cuando escribe: «La Providencia divina, que con perpetuo desvelo gobierna la visible maquina de este mundo, mas atenta en lo necesario de la salud eterna que la naturaleza en sus caducas conveniencias..., provey6 con afluencia a su Santa Iglesia, sa- cando a luz en aquel tiempo la Orden de los Mendicantes». Asi, Tomas de Blo- sio, cuando escribe: «Domingo y Francisco... con mucha raz6n pueden ser lla- mados dos olivas fructuosas y dos candeleros puestos en la presencia del Se- fior: porque de estos se ‘dice con verdad que la Iglesia y Casa de Dios, que en algtin modo amenazaba ruina, por su industria y sus institutos y ejemplos de inocencia se repara y se sustenta». Asf, en fin, el Cardenal Baronio, cuyas son estas palabras: «Dios que vi6é su Iglesia que declinaba y cafa por la depraya- cién de las costumbres, para su reparo-—en la fragua de su divino espiritu—for- m6 a este var6én Apostolico, Francisco, que puso en prdctica el desprecio del mundo y la Pobreza evangélica, no sélo con el afecto, sino en la realidad, con el efecto». El hombre-Serafin vaticinado. A la manera que otros maximos acontecimientos religiosos, el de la _apari- cién del hombre-Serafin, que habia de revestir enorme trascendencia para la Igle- sia y la Civilizaci6n, es anunciado mucho antes de que se produzca. Acaso a es- te suceso quiso el Sefior referirse, cuando dice por boca de Zacarfas Profeta: «Elegi dos varas y las tomé, y a la una apellidé hermosura y a la otra Cordén, y apacenté mi rebafio». Acaso es Francisco una de las dos Estrellas que contra la Bestia horrible ve levantarse la Sibila de Eritrea; de cuyas Estrellas, grandes y cual ningunas riutilas, la victoria es aplazada hasta que la abominacién toca su maximo desarrollo y se consuma la permisi6n del Altisimo. A él, al Serafin de carne, atafien sin duda estas palabras de Santa Ildegarde, fallecida diez afios anfes def nacimiento de Francisco: «Vi en espirifu a la Iglesia, cuyo rostro de extremada hermosura estaba empafiado con polvo, y que decfa: las zorras tie- nen cuevas en que abrigarse y las aves nidos en que guarecerse, pero yo no tengo quien me consuele ni ayude. Y al punto levant6 Dios el brazo de su poder en un pobre suyo»... Maravilla es que anfes de venir San Francisco a la vida vagase por las calles un hombre, asaz sencillo, mas de intachable vida, que cla - maba a todas horas: «Pax ef bonum». Nacido el Serafin, no mas se supo del mis- terioso pregonero. 4Era un 4ngel que hacia su oficio angélico, anunciando al que se acercaba ya? Lo indisputable fué que San Francisco result6 ser eso: «pax et bonum». Paz a la Iglesia; bien a las almas, como quizés nadie les hizo, des- pués de Jesucristo y de su Madre Santfsima la Inmaculada Marfa. (Ap/ausos). Soberana grandeza del :-: Patriarca de Asis:-: El don de Dios se consum6. Un profeta que surge entre los hombres, es don divino. Un sabio, que ha de ser luz a sus semejantes, es don divino. Un rey prudente, que gobierne con justicia, con amor, es don divino. Un santo es don divino extraordinario. Un Santo, como Francisco de Asfs, que transforma la tierra y la encanta con la magia de sus virtudes; que vuela incesantemente del Corazén de Dios a los humanos corazones, y de éstos a Aquel, realizando el intercambio de los consuelos y las penas, de los perdones y los arrepenti- mientos, de los carismas y los anhelos, de las realidades y las suiplicas y espe-

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