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Religiosas mencionadas en otro lugar. Comunidad de Capuchinos de Pam- plona en pleno y una comisién numerosa de los PP. Franciscanus de la Ob- servancia, del Convento de Olite. Y gran ntimero de sefiores Sacerdotes. En el Presbiterio tom ento, que por privilegio especial le correspon- _ de, el Excmo. Ayuntamiento de Pamplona. Fuera del Presbiterio y en sitiales de primer término, los Gobernadores Civil y Militar; Comisién de la Excma. Diputacién Foral y Provincial; los Excmos, Sres. Presidentes de la Audiencia Territorial y Provincial. El Direc- torio de la Hermandad de la Orden Tercera de Pamplona. Y finalmente el Consejo Superior Diocesano de la Adoracién Nocturna y Sres. Presidentes de algunas entidades piadosas. Dadas las tres, se rez6 una estacién al Santisimo Sacramento, mientras se hacia la }ceremonia de imposicién de Habitos de la Orden Tercera a cin- cuenta y tres personas de Pamplona y otros pueblos que previamente y con la debida antelacién lo habian solicitado. El Excmo. sefior Obispo de Jaca. Abriéndose paso dificultosamente por entre la apifiada muchedumbre, acompafiado de dos maceros y de dos sefiores canénigos, logré ganar el piil- pito el Excmo. Sr. Obis»0 de Jaca Dr. D. Francisco Frutos Valiente. En Navarra y en toda Espafia no hay qnien no lo conozca. Hoy es honra de la Sede de Jaca: y mafiana sera honra de alguna de las mds elevadas Se- des, a que parece le destina el cielo. El autor de esta Crénica tuvo el gusto de verlo por primera vez en Ma- drid predicando, cuando atin era Magistral de Toledo, una platica de comu- nién a algunos centenares de nifios en uno de los dias del Congreso Eucaris- tico Internacional. Aquel que era coloso de la oratoria, que era mirado con asombro desde plano muy inferior por los mas elocuentes oradores, supo descender hasta las inteligencias de los nifios parafraseando la antifona: ;Oh sacrum convivium! etc, con tal sencillez y uncién, que nos dejé profundamente conmovidos y edi- ficados, recordando la sencillez del Divino Narrador de las Pardbolas del Evangelio. Pero a los dos dias oimosle en Toledo y vimosle remontar el vuelo ma- jestuoso de su soberana elocuencia, para mirar de hito en hito al Sol de la Eucaristia, penetrando como el Aguila de los Evangelistas o como el Aguila de los Doctores, los secretos mas profundos de los divinos misterios. Todos sabian que era un apéstol, que haciéndose todo para todos, pro- digaba abnegadamente su magica palabra aun en pequefias iglesias con in- tencién de ganar para Cristo a los mds humildes auditorios. Pero pocos sabian que era terciario; quizd ni los mismos qué le veian
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