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560 : CONGRESO REGIONAL ¢éSabeis quién puede sanarla? E] amor. La mano de Francisco da el amor, all{ donde toca se produce la paz, una oleada de carifio invade las almas, es el amor fraternal que se presenta en el mundo y que ya no desapareceré. Ese amor es el creador de la obra franciscana, es el fundador de la primera falange de hombres, de aquellos hombres enviados por Francisco a restaurar la sociedad en Cristo; es también el germen de la segunda Orden que reuniraé a corazones femeninos al amparo de monasterios silenciosos y devotos y los Ile- nara de virtudes incomprensibles; es finalmente el portentoso fuego que, en su fuerza expansiva, llegaré hasta las fronteras de la sociedad, prendiendo en to- das las almas y haciéndo del mundo un gran convento donde seran religiosos todos los hombres. Y esta Orden Tercera dadndose la mano con la Primera y con la de Damas Pobres, dirén a los siglos afénitos siempre la grandeza y la gloria de su Fundador, San Francisco de Asis. Y qué mucho que el mundo cante entusiasmado el nombre de Francisco si el mismo Dios parece solazarse y complacerse soberanamente en su Siervo. Si vo- sotros me lo permitierais, yo os expondria un pensamiento para terminar que os explicarfa suficientemente toda esa maravillosa influencia del Santo de Um- bria en la sociedad. No me pidais un rigor teolégico para mi idea, pero conce- dedile un valor moral muy pronunciado porque le tiene. Nadie se muestra tan ce- loso de su gloria como Dios. Ella es suya, por eso la quiere y no la traspasa a ninguno. El mismo nos lo dice por boca del Profeta Isafas: G/oriam meam al- teri non dabo? (XLII-8.) Y? cual es, me atrevo yo a preguntar ahora, la gloria de Jesucristo con referencia a Ja restauraci6n del hombre...? La gloria del Redentor, sefiores, debe ser algo suyo, personalmente suyo; algo hecho exclusivamente por El y que El pueda presentar a su Padre como motivo, como raz6n de la li- beracién definitiva de los humanos. Pero toda esa gloria de Jesucristo esta en sus llagas que son las sefiales por las que se reconoce a Cristo. Asi, crucifica- do, es como el Padre co10ce a su Hijo Redentor del mundo; asf el mundo es como puede llegar al conocimiento de Jesucristo, viéndole Hagado por noso- tros. Asf el Divino Maestro se presenta al género humano desde Io alto de una cruz para atraerlo. Esa es la gloria del Redentor. Pues bién; Jesucristo glorifica a Francisco dandole sus sefiales, su llagas, crucificando su cuerpo, imprimien- do en él de una manera divina las mismas cicatrices gloriosisimas por las que se conoce al Redentor. 4Es extrafio, sefiores, que al bajar este Serafin del mon- te Verna, con el alma endiosada y el cuerpo hecho imagen viva del Cristo, el mundo se conmoviese y viniese a él en demanda de paz, de reconciliacién y de santidad? Por eso, yo que admiro a este gran pueblo de Navarra que ahora se apifia debajo de las formidables bévedas de esta Catedral, no me admiro de que haya respondido con tanto ardor para venir a celebrar el Congreso Franciscano que hoy termina. El pueblo navarro conoce a San Francisco, le ama y sabe muy bien todo el valor de su significacién. Por eso viene, con las numerosas hues- tes de Religiosos Menores y Capuchinos, ramas frondosfsimas del drbol Fran- ciscano, con sus innumerables Terciarios, en compafifa de Prelados, Sacerdo- tes y hombres de ciencia y de letras a cantarle un himno cuyas notas no se quedardan en este grandioso recinto, ni tampoco “entre los muros de la capital, sino que volarén hasta los 4mbitos de Espajia y traspasaran sus fronteras y se oirdn en toda la cristiandad. Y sabré la cristiandad que Navarra es franciscana y que su fé, su devocién, su amor-seran siempre correspondidos por el Serafin de Asfs con bendiciones inagotables que son siempre gracias, consuelosy di- chas en esta vida y prenda valiosisima para alcanzar la gloria eterna. Amén.

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