BCCPAM000522-3-10000000000000
556 CONGRESO REGIONAL Pero tengo que deciros, sefiores, que para llevar a cabo semejante empre- sa se necesita una arma bien extrafia, aque:'a que fué en los primeros tiempos del Cristianismo escaéndalo para los judios y locura para los gentiles. Si, lo unico que puede redimir a los hombres es la Cruz. Nunca los salvara la cien- cia, ni la politica, ni las artes, ni la filosofia, ni el ingenio, ni el talento; muchf- simo menos aun el placer y el vicio. gComprendi6 perfectamente Francisco dénde estaba el secreto de la grandeza y de la felicidad del hombre con el rayo de luz de San Damian? Parece que si, porque nadie, como él, ha podido repe- tir esta frase de San Pablo. Mhi autem absit gloriari nisi in cruce Domini no- stri Jesu-Christi. E\ ideal de Francisco es esa expresioén. En la Cruz encuentra su dicha y su gloria. Como queno quiere otra para solazarse y regociiarse eternamente en ella. éY no es ella la que hace falta a la sociedad para llevarla, por el camino de la perfecci6én, a un estado de superioridad que no habfan podido sospechar los hombres antes de la venida de Jesucristo? Se necesitan tres redenciones. La re- dencién del cuerpo, la redencién del alma y la redencién de la naturaleza. Por mds esfuerzos que se hayan querido hacer, no se ha conseguido jamas adelan- far un paso en este sentido cuando el hombre ha querido ir solo. Muy nobles y levantadas serdn las tentativas, pero todas han fracasado. Nos complacemos en reperirlo, redimir al hombre es privativo de Jesucristo; y, si el hombre quiere llegar al punto mds alto de su gloria, ha de ir acompafiado de Aquel cuyo res- plandor no se desvanece nunca, porque lleva en si la verdad suprema. Lo primero que hay que restaurar en el hombre es su cuerpo, es decir su naturaleza fisica con sus sentidos que son los adornos o timbres con que Dios la ha engalanado. Y hay que restaurarla porque esta en las ruinas. Y para con- vencernos de ello, no necesitamos ningdn esfuerzo mental, basta mirarla. Lo mismo en tiempos de San Francisco que ahora, ved si esa parte inferior del hombre no es la que esta en rebelién abierta contra las faculiades supriores. Hoy, como antafio, se ha proclamado el reino de los sentidos. Por eso el placer y el goce son los dos poderosos resortes que mueven al hombre. La idea de lo sobrenatural es estrangulada, si cabe la frase, entre las garras del materialismo mas grosero. No piddéis a esa sociedad pensamientos altos, empresas genero- sas, gestos sublimes. Miradla, miradla; esté en medio de un prolongado banquete, con la copa del placer en la mano, lujosamente vestida, obsequiada y mimada por sus adoradores,, como una gran meretriz que jamas llega a sa- ciar sus anhelos nefandos. Decidme, si para purificar ese cuerpo hay oiro medio que la Cruz. Y, gqué es la Cruz?... La mortificacién, la Cruz es pobre- za, la Cruz es renuncia de los placeres sensuales, la Cruz es aniquilamiento del sentido para dejar en plena liberlad el espiritu que busca a Dios, la Cruz es la tinica que puede crucificar la carne para que luego pueda ser glorificada. Asi lo queria San Pablo cuando escribia a los de Filipo: «Sa/vaforem specta- mus D. N. J. C. gui reformavit corpus humilitatis nostrae configurantum cor- pori claritatis suae.» Y gquién ha sentido como Francisco esta necesidad de la crucifixién con Cristo?... Las penitencias suyas son realmente inefables porque no pueden decirse con lengua humana los padecimientos voluntarios de aquel hombre singular que, para vencerse a sf mismo, se arroja desnudo sobre la nieve, o hace de una zarza erizada de espinas mullida cama, o ayuna con el rigor del Divino Maestro una cuaresma en el lago de Trasimeno o pasa en fin la vida en- tera sin concederle a su cuerpo el mds minimo gusto hasta el extremo de recla- mar su generoso perd6n en el instante de la muerte. Sin duda la vida de San Francisco esta tan en conformidad con la de Jesucristo, que por eso quiso Dios Sa eve ereay eee ee
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz