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4 Be: ys DE TERCIARIOS FRANCISCANOS Los Terciarios de la Barranca y de laBorunda. Otros Con- gresistas peregrinos. Un grave conflicto. A la Catedral A las nueve y media préximamente, una procesién de quinientos tercia- rios sorprendioé a toda la ciudad. Eran los de la Barranca y la Borunda per- tenecientes al Distrito de Alsasua, que en tren especial acababan de llegar por la linea del Norte y a banderas desplegadas atravesaban de parte a par- _ te toda la ciudad, recorriendo la calle Mayor, San Saturnino, Plaza del Ayuntamiento, Mercaderes, Curia, dirigiéndose a la Catedral, sin cesar de cantar himnos a San Francisco en la milenaria lengua euzkérica. A la misma hora habian Ilegado gran niimero de automéviles de todas las comarcas de Navarra. Un verdadero rio de hombres se desbordaba por todas las calles de la ciudad. Todos ostentaban la insignia de Congresistas: El brazo de San Fran- cisco enlazado con el brazo de Jesucristo al pie de la cruz: Christo confixus sum cruci. Aquel espectaculo era una reproduccién del espectaculo que ofre- cian los pueblos que conocieron a San Francisco y que, en frase de Leén XIII, le seguian «con ardiente impetuosidad y con loco entusiasmo.» La animacién de la ciudad era extraordinaria, jamds conocida ni en los dias de fiestas de San Fermin. Los balcones y ventanas y muchas puertas de las casas estaban engalanadas con vistosas colgaduras, mostrando algunas de ellas el escudo de San Francisco. Pamplona habiase convertido en ciudad franciscana. La iglesia de San Saturnino (que era la que habia sido escogida para los actos de Congreso) aunque de respetables dimensiones, no podia dar cabida a tan numerosas muchedumbres. La Junta Organizadora, previendo este conflicto, ya el dia 24 pensdé en trasladar los actos del tiltimo dia a la Catedral. Nunca podremos olvidar ja fina atencién con que, a una simple stiplica de los organizadores, se digné ceder el Iltmo. Cabildo Catedral su amplisi- mo y magnifico templo. Los Canénigos Terciarios debfan un homenaje de carifio a su Serdfico Padre; y los que no lo son no supieron resistir ante el atractivo del Serafin de Umbria y ante el entusiasmo de las masas terciarias. Misa de Pontifical. El Sermon. Desde las nueve de la majiana la colosal y famosa campana de la Ca- tedral, reservada para las grandes solemnidades, llenaba la ciudad y las al- deas préximas con el ronco y majestuoso sonido de sus pausadas notas, ha- ciendo vibrar los cristales y haciendo estremecer de entusiasmo los corazo- nes de los Terciarios. En la calle de la Curia, lo mismo que en la Navarreria y Dormitaleria, habiase formado una masa compacta interminable, que avanzaba. lentamente hacia nuestro templo. El atrio era un hormiguero de gente. En la puerta principal, abierta como las otras, de par en par, dos de los 25
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