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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 549 _ ser perseguida por el halc6én, entonces si que vuela veloz y desalada a escon- derse en el palomar. Pues, a semejanza de esta inocente avecilla, el fiel adora- dor debe correr al tabernaculo, debe acudir al dulce nido del sagrario, sea con el cuerpo, sea con la mente, cuando se ve alejado de él y le sucede algtin con- tratiempo o revés; y en especial, cuando se ve perseguido por alguna vehemen- te pasi6n, cuando se ve acorralado por el halcén infernal. En este tiltimo caso acordaos de que los Apéstoles, viéndose apurados en una maritima tempestad, acudieron a Jestis, diciéndole: ;Sefior, sé/vanos, gue perecemos! Pues de igual suerte el fiel adorador, en las angustias del espiritu, haéllese donde se halle, ha de poner el pensamiento en el sagrario y exclamar: jJestis-Hostia, salvadme, que perezco! jno permitdis que zozobre la débil barquilla de mi alma! jMandad a los vientos de las pasiones, y enmudeceran! Pero, no solamente en los apu- ros del alma y en las inquietudes del espfritu, sino también en los peligros y ne- cesidades de todo género debeis pedir y confiar en la proteccién del buen Jests sacramentado. Si el barbaro incircunciso quiere ultrajaros y abusar de vuestra debilidad, no lo dudeis; El os alentaré: Santa Clara, poniendo ante si un Copén, que contenia algunas formas consagradas, desbarat6 la furia de innumerables sarracenos, que intentaban profanar el monasterio, mereciendo que su_ celestial Esposo le certificase que El guardarfa a ella y a sus Hermanas. Si los reveses de fortuna vuelcan vuestros bienes, 0 sucesos inesperados Os ponen en apurado trance, creedme, El os consolaré: San Alfonso Maria de Ligorio se encontr6 un dia con que nada podia ofrecer a la comunidad en la ho- ra de la refecci6n, y, vistiéndose la sobrepelliz y estola, fué al altar y llam6 ala puerta del sagrario, como los pobres mendigos lIlaman en las de los ricos, y al instante fué atendido. Si el horrfsono trueno y el fulgor del relampago hieren vuestro timpano y vuestra pupila, y el huracdn, que azota vuestra casa, os llena de pavor, El os fortaleceré: Santo Tomas de Aquino, con sus Hermanos Reli- giosos, qued6 aterrado en cierta desecha tormenta, que parecfa iba a derribar el convento en que se hallaban, y mientras los demas Hermanos no acertaban qué determinacién tomar, el Doctor Angélico, el sublime cantor de la Eucaristia, cu- yos himnos recitais tan a menudo, corrié a la Capilla, se abraz6 materialmente al sagrario, y asf estuvo hasta que se restablecié la calma. Si el hereje propala el error contra este venerando misterio y veis con gran pena que, cual lobo car- nicero, hace estragos en el rebafio del Sefior, no temais; El saldré de una ma- nera o de otra por los fueros de la verdad: San Antonio de Padua predicaba cierto dia sobre la presencia de Jestis en el Sacramento del altar, y contra las voces y objeciones de los herejes, hizo arrodillarse a un jumento delante de la sagrada Hostia, convirtiendo a muchos malos y edificando a muchos buenos. Si por practicar y defender la religién, os exponeis a mil contratiempos, y aun al riesgo de perder vuestra vida, no vaciles; Elos ayudara. El egregio Garcia Moreno estaba sentenciado a muerte por sus gloriosas hazafias en favor de la Religién, y, sabedor de ello, fué al templo a visitar a Jestis sacramentado y recibié tanta fortaleza en su oraci6n, que a los pocos momentos después, cuando el asesino hundfa el cuchillo en su pecho, diciéndole: «muere, verdugo de la libertad», contest6 Garcfa Moreno con fuerte voz: «Dios no muere». En una palabra, bajo cualquiera forma que la tribulaci6n se presente para agobia- ros, recibidla con serenidad, recordando al dulce Prisionero de nuestros altares y referidle vuestras cuitas, como lo hacfa el Patriarca San Francisco de Asis, que iba a contar al Sefior cualquiera cosa que le ocurria, de igual modo que un candoroso nifio lo hace con otro nifio de igual candor. Y bien, hermanos mfos. Ahora comprenderéis cudn graéficamente estan re-
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