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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 547 de ese divino Espiritu uncién en el decir y docilidad en el escuchar, para lo cual os diremos con todo fervor. Ave Maria..... Estote... simplices sicut columbe. (S. Matt. c. 10, v. 16.) Lo que el ampo de la nieve en lo insensible, como la azucena entre las flo- res, lo que el armifio entre los animales , eso mismo es la paloma entre las aves, es decir, que su distintivo lo constituye la blancura de su plumaje; y se muestra tan amante de este candor que, por eso, la paloma que lanzara Noé del arca, prefirié volver a ella antes que mancharse lo mas minimo en el lodazal de la tierra. Esto significa que el alma del adorador, a quien representa, debe dis- tinguirse también por la pureza de sus afectos y por la albura de su sér sobre- natural. Y 4c6mo podria desempefiar cumplidamente de otra manera los oficios de su asociacién? En la vida de S. Francisco de Asfs, héroe de estas hermosas fiestas de su Orden Tercera, se lee que, como estuviese horas enteras al pié de los altares junto al dulce Duefio de su corazén, le pregunt6 un caballero qué es lo que haefa allf por tan dilatado espacio de tiempo, y el Santo le contest6: ado- rar, pedir y hacer protestas de dileccién. Lo mismo puntualmente debe hacer el adorador fiel ante la presencia de Jestis-Hostia: adorarle, reverenciarle, repa- rar, pedir y testimoniar su acendrada dilecci6n. Y gseraé bien que, mientras doble sus rodillas, e incline su cerviz y le rinda homenaje con todo su cuerpo, anide en su alma alguna desordenada pasién? 4Sera bien que, al tiempo que dice la- mentar los desvios, ingratitudes y desvarios de los hombres para con Jesus sa- cramentado, él mismo le ofrende un coraz6n envilecido por su indigno proce- der? El corazén de un hombre, que se derrama en la presencia de Dios, es a manera de un precioso incensario; y gqué sucede si en el incensario se colocan materias repugnantes, o en estado de putrefaccién? Pues exhalan un hedor in- grato y repulsivo por demas. Y asf también, cuando el coraz6n del que se diri- ge a Dios no tiene la limpieza espiritual requerida, es natural que, al penetrar tal homenaje en los cielos, sea repelido por su nauseabundo hedor. Pero sobre to- do gqué titulos podra alegar tal adorador para ser escuchado y atendido en sus peticiones y demandas ante el que es tres veces santo por esencia? La oracion es una especie de legado que se introduce en el mismo trono del Sefior, cosa que el hombre, como observa S. Agustin, no puede efectuarla personalmente; y quién ignora que el legado debe presentarse sin desalifio y bien compuesta, y tanto mas cuanto mayor fuera la Majestad ante quien haya de exhibirse? Por eso el rey David repudi6é a sus propios legados por haberse presentado ante él maltrechos y escarnecidos; por eso también José, el amable hijo de Jacob, des- pués de salir de la prisién, se adorné y compuso antes de ir ala presencia de Fara6n; 4no sera, pues, temeridad grande enviar un legado, un mensajero sucio y desgrefiado, es decir, una oracién pronunciada con labios manchados a la Majestad mas augusta de todas? Semejantes ruegos Dios los rechaza, pues por Isafas nos dice (c.59) que pondraé un muro entre El y el que ora mal, y Jeremfas asegura (c. 5) que Dios pone una nube densa para que no llegue hasta sus ofdos el murmullo de tan insensata peticién. Y a la verdad ¢no rechazarfais por ventu- ra, dice S. Juan Cris6stomo,.uno que se abrazase a vuestros piés en actitud su- plicante, s{,pero con las manos completamente enlodadas? Pues éste es el caso del que pide malamente; asf como al que teje, dice el mismo Santo, una hermo- sa corona de rosas. no s6lo se le exige que esten limpias las rosas, sino tam- bién las manos que las enlazan, del propio modo, no sdlo han de ser buenos
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