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546 CONGRESO REGIONAL do. Eso era puntualmente lo que buscaba Salomon. Conocié desde luego que la que asf sollozaba y se expresaba, era ta legitima progenifora del infante, y se lo entreg6 con visible placer. Grande muy grande fué la prueba que en este litigio diera Salom6n de su privilegiada inteligencia; no obstante, es preciso reconocer que no pudo, ni su- po satisfacer a las dos contendientes, sino a una sola, dejando a Ia otra en tris- te orfandad. Pero lo que no pudo, ni supo el egregio hijo de David, pudo y supo y lo realiz6 el divino Salom6n, la sabiduria increada. Efectivamente, hermanos mios; cuando lleg6 el tiempo de subir a los cielos el Salvador del mundo, des- pués de haber consumado en Ia fierra la imponente obra dela redencién del hombre, puede decirse que se suscit6, en expresién del Criséstomo, una santa lucha entre los moradores del cielo y los de la tierra, por poseer, por fener con- sigo a Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, embeleso de las gentes y de los angeles. Las almas recién salidas del limbo y los espiritus angélicos pretendfan que fuese a tomar posesi6n del reino de los cielos y descansar allf de las tre- mendas fatigas que en el mundo habia sobrellevado, y los fieles, que aqui aba- jo vivian, suspiraban porque continuase siendo el Jefe y Protector de los mis- mos, y que en manera alguna los dejase en la tierra; y el que es sabio por esen- cia, hall6 modo de llenar plenamente los deseos de todos, quedadndose entero vivo en el cielo y en la tierra; en el cielo en su forma natural y visible; y en la tierra en forma sacramental e invisible; en el cielo en su especie propia, y en la tierra en especie ajena. ;Oh recursos inauditos de la divina Pofencia! jOh inven- ciones suavisimas del amor de Dios! Desde entonces comenz6 a pesar sobre los habitantes del cielo y los moradores de la tierra una enorme deuda de gra- titud para con su Divino bienhechor. 4C6mo no prestar el mas profundo acata- miento a tan poderoso Monarca? 4ZC6mo no manifestarle agradecimiento inmen- so por semeiante dignacién? Por lo que hace a los habitantes celestes, ellos cumplen a maravilla estas obligaciones sagradas; pues no solo le reverencian y glorifican en el cielo, sino que, como afirma S. Juan Criséstomo, legiones de espiritus angélicos rodean los sagrarios de nuestras iglesias; y por lo que res- pecta a los moradores de la tierra, el deseo vehemente de corresponder de algu- na manera a tan rara fineza de su Dios, ese es radicalmente el origen de las multiples asociaciones eucaristicas y, entre otras, de la admirable adoracién nocturna, \lamada por alguien «la crema de la piedad eucaristica.» Si; benemé- ritos y queridos adoradores; yo quisiera por algunos momentos estimularos a que conserveis las cualidades de un buen adorador; y digo, a que conservéis di- chas cualidades, porque sé que las poseéis en alto grado. Mirad. Los artistas cris- tianos han ideado preciosos s{mbolos, referentes unos al autor de este Sacra- mento, otros a la materia, y otros al sujeto: doradas espigas de trigo y sendos racimos de uva nos hablan de su materia; un pelicano, alimentando a sus po- Iluelos con su propia sangre, nos dice elocuentemente c6mo y con qué nos re- gala Jestis en el convite eucaristico. Y gno habéis visto por ventura el cuadro de una multitud de palomas, rodeando a una custodia? Pues eso significa que las almas de los adoradores deben estar adornadas de las cualidades de esta avecilla. He aqui indicado el asunto que con el favor de Dios voy a desarro- llar breve y sencillamente. Y Vos, purfsima paloma de Dios, una est columba mea, Vos, Virgen San- tisima Marfa, en cuyas entrafias se form6 este sagrado Cuerpo que adoramos, pues la carne de Cristo es carne de Maria, en expresién de San Agustin; Vos, en cuyo seno el Espiritu celestial obré este venerando misterio, conseguidnos
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