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ee et eae ee p La Vigilia General Extraordinaria de la Adoracién Nocturna (La noche del 24 al 25) Fundada la Adoracién Nocturna en la piadosa Capital de Navarra en 28 de Junio de 1907, muy pronto arraigé y crecié y did frutos exuberantes, co- mo arraiga y crece toda piadosa institucién que se da a conocer en la _ leviti- ca y cristianisima Pamplona. En la actualidad hay trescientos diez adoradores activos, y novecientos sesenta y uno honorarios; formando un total de 1.271 socios. Siete siglos de brillante tradicién eucaristica, que constituye una de las glorias de las Ordenes Franciscanas; la circunstancia, honrosisima para noso- tros, de ser un Santo Franciscano el Patrono de la Adoracién Nocturna, lo cual ha determinado en muchas ocasiones la simultaneidad y unidn de los cultos de la Orden Tercera con los de aquella abnegada Asociaci6n; y final- mente el ser Terciarios gran patte de los adoradores navarros, movid ala Junta Organizadora del Congreso a solicitar el concurso de la piedad euca- ristica de los Adoradores pamploneses para celebrar una Vigilia General Ex- traordinaria durante la noche del 24 al 25. Véanse en las paginas 33 y 34 los oficios que se cambiaron ambas Jun- tas, rebosando la mas intima cordialidad. El Consejo Superior Diocesano, habia acudido a las sesiones, ocupando los sitiales qae se le reservaron en la presidencia. El Congreso habia exhor- tado a los Terciarios a ingresar en la Adoracién Nocturna, si no pertenecian a ella; y habia abogado por la fundaeién de esta Asociacién eucaristica don- de no existiera. Ya sélo faltaba la celebracién de la Vigilia General Extraordinaria, co- mo se prometia en el Oficio del Consejo Superior Diocesano. Y en efecto; fué celebrada con la pompa y esplendor propios de las fies- tas mds solemnes. Desde antes de las nueve de la noche, en las inmediaciones de la iglesia de San Saturnino podia observarse que se delizaban devotos adoradores en pequefios grupos 0 aisladamente, dirigiéndose con recogido ademan y mo- desto continente hacia las puertas del vetusto templo. No iban hurtdndose a las miradas del ptiblico, como iban a los subte- rrdneos templos los fieles de los primeros tiempos del Cristianismo. Iban preparando sus insignias de adoradores y cifiendo su cintura con el cordén franciscano. En pocos minutos qued6 lIlena la amplia nave de la Parroquia. Y no tar- dé en ser invadida gran parte de la nave de la Virgen del Camino. EI altar convertido en trono de luz y de fuego, trafa a la memoria la vi-
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