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te 542 CONGRESO REGIONAL m6 en torno de Francisco aquella legién de almas extaéticas, como Fr. Gil, Ber- nardo de Quintaval, Fr. Masseo, Fr. Leén, Santa Clara y tantos y tantos, que siguieron las huellas de aquel Angel, abismado en Dios, que pasa cuarenta dias y cuarenta noches fntegras en dulcisimo coloquio con Dios; que se remonta all en las cumbres del Albernia sobre las mas altas hayas en busca de un asilo pa- ra la oraci6n, en busca de Dios: d) de aquel espiritu de Obediencia, hasta el punto de poder decir al fin de su vida: .«Recibf del cielo sobre todas las demas esta gracia, la de obedecer a un novicio de una hora si me lo diesen por Guar- didn, con aquella misma sumisi6n que obedeciera al mas antiguo de mis reli- giosos; e) de aquella Penitencia, asombro de su siglo; f) y sobre todo de aque- lla Caridad, que le ha dado en Ia historia el sobrenombre del Serafin de Asis Ha dicho un autor: Lo que el amor de Dios tiene de mas ardiente, el amor de los hombres de mas fierno, el amor dela naturaleza de mas encantador, resplandece en San Francisco con un brillo incomparable, y toda la grande- za, el entusiasmo, la poesia de la Edad Media encuentran en este hombre la mas viva expresi6n.» Porque San Francisco ama a Dios y el fuego del Espiritu San- to le abrasa hasta consumir su carne. Le ama donde quiera lo encuentra. Le ama en la Eucaristia, y este amor le impulsa a reedificar iglesias que sirvan de morada al Dios del Sagrario, le ama en el pesebre; digalo la encantadora No- che-Buena de Greccio, le ama en el Gélgota, por eso sube al Calvario Francis- cano, al Alvernia Serafico, teatro de los mas sublimes, de los mas encendidos amores, que una criatura jamas pudo sofiar; le ama en los hombres, sobre todo en los débiles y en los pobres; le ama hasta en las criaturas irracionales con inefable ternura, que le hace exclamar: <«faisan, hermano mfo, sea ensalzado nuestro Dios. Canta, hermana mia, cigarra, canta y alaba a tu Criador, e invita a los pajaritos, hermanos fuyos, a bendecir al Sefior. Pajaritos mios, no caigais en el pecado de ingratitud, y procurad siempre alabar y bendecir a Dios». La vida del santo es un conjunto de tiernos idilios, como el de la repren- sién del famoso y feroz lobo de Gubbio, el de la libertad, a ruegos de San Francisco, de las hermanitas tortolillas, castas inocentes y sencillas, que ha- bian cafdo en las redes del cazador. Y cant6 al hermano So/ y a la hermana Luna—amaba a las rocas y a los Arboles y las mieses y las vifias—la lozanfa de los campos, la hermosura de los jardines; amaba a la tierrra y al fuego, al mar y a los vientos, exhortando a las criaturas todas al servicio y alabanza del Cria- dor. Y llevado de los impulsos de su alma candida, conversaba con los peces y predicaba a las aves cual si tratara con seres dotados de inteligencia. Qué her- moso es el libro de la Naturaleza, para quien sabe leer en él tan bién como lo hacfa el Patriarca de Asis! jHermosa escue/a la escuela franciscana para los Sacerdotes! Por eso el Papa Leén XIII escribfa en 1900 con ocasién de un Congreso In- ternacional de la Tercera Orden que se celebraba en Roma: «Recomienden los Obispos vivamente a su Clero su ingreso en esta Orden. Obtendran facilmente este resultado, si logran que los seminaristas vistan las insignias franciscanas de la Penitencia...... > Por eso el sabio publicista Padre Aimé Le Roux exclamaba: «jLa Orden Tercera necesita del Sacerdote; pero el Sacerdote necesita también de la Orden Tercera!...» (1), Excmos. Sres.; Venerables Padres; piadosos Sacerdotes: El mundo, la so- (1) Le Tiers Ordre et le Prétre, p. 1 y 13.

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