BCCPAM000522-3-10000000000000

he 3 i i ane a 540 CONGRESO REGIONAL lebraba el santo Sacrificio de la Misa. Un dfa al elevar la sagrada Hostia, des- cendié de lo alto un globo de fuego que le rodeé de un nimbo de gloria. A la pobreza rendfa verdadero culto. a ejemplo de San Francisco. Cada dia tenfa en su mesa varios pobres o caminantes y les servia personalmente, les lavaba los pies y les acompafiaba como un amigo o como un criado. Ya se deja entender cuanto fruto producirfa en los feligreses la predicacién - de aquel siervo de Dios, cuén amado y reverenciado seria de ellos. El santo Parroco de Ars. Cuando aun corria la sangre de las victimas de la tristemente famosa Revo- luci6n francesa, nacfa en aquel pafs Juan Bautista Vianney, como para pe al siglo XIX que no habfa sido todo impiedad en el XVIII. La pequefia aldea de Dardilly, cerca de Ly6n, fué testigo de las ouneadl y piedad de su infancia. Siendo ya clérigo, fué alistado en un Regimiento y destinado a Bayona. El buen muchacho Vianney, amante de la justicia, de la piedad y de la caridad, no acudié a la reclamaciones de las autoridades militares, antes bién huy6 y logré ocultarse. Es que abrigaba sospechas de que su Regimiento formaba parte de las tropas expedicionarias que habfan de invadir Espajia, empefidndose en una empresa de injusticias y de sangre. Yasf era en efecto. A los 29 de edad fué ordenado de Sacerdote en la Catedral de Grenoble. Los feligreses de Ars, a donde fué destinado poco después, conocieron las do- tes excepcionales de su Parroco. He aqui cémo lo describfa uno de ellos en una carta. «Monsefior Courb6én (el Obispo) nos ha enviado para Parroco un Sacer- dote que ha sido Vicario de Ecully, que se llama Vianney. Somos los nifios mi- mados de la Providencia. No he conocido otro Sacerdote tan pidadoso como nuestro Cura. No abandona jamas la iglesia. En el altar es un serafin. En el pulpito no es un gran orador, pero esta lleno del Espiritu de Dios..... Casi no come nada. Rogad a Dios que le sostenga y nos lo conserve mucho tiempo. Si muriese, serfa muy dificil reemplazarle». Con un trabajo lento, pero continuo, con dulce prudencia y valiéndose de la persuasion logr6é restaurar en su Parroquia la frecuencia de Sacramentos y el respeto al descanso dominical, y desterrar el baile y la embriaguez. Estable- cié la Orden Tercera de San Francisco y algunas asociaciones piadosas, cuyos _ cultos sucedfanse los domingos casi sin interrupci6n. - Su confianza en la Divina Providencia era ilimitada, a ejemplo de San Fran- cisco, y a ejemplo del Pobrecil/o de Asis, siempre vivié tan pobre el Beato Vianney, que con frecuencia no teniendo nada que dara los pobres, les daba sus propias ropas, imitando también en esto al Serafico Patriarca. Sin mds garantias que el favor de la Divina Providencia, fund6 un Asilo pa- ra j6venes huérfanas. Guard6 serenidad inalterable en medio de la tribulacién. Si le dirigfan iro- nfas 0 censuraban sus actos ole calumniaban, exclamaba como San Francis- co: «Tanta es la gloria que espero, que en las mismas penas me deleito...» Varias veces intent6 ingresar en la Orden Capuchina y otras tantas se le aconsej6 por los mismos religiosos que continuase su fructucsa labor al frente de su Parroquia. Hubo de contentarse con tomar el Habito de la Orden Tercera en el Convento de Ly6n. De todos los pueblos préximos y aun de lejanas capitales acudian fieles y prelados a consultarle sus asuntos. El célebre abate Combalot, el P. Lacordai-

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz