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Ee a S be DE TERCIARIOS FRANCISCANOS . 359 _los que la han elegido por vocacién nadie quiere y todo el mundo despecia. El ambiente sefiores, es de molicie y de sensualidad, que se masfican, y el pobre sacerdote que vive en medio del mundo es Hombre que no esta confirmado en gracia, expuesto, por lo tanto, a toda ,clase de seducciones y s/ debe ser san- fo pero vive en contacto inmediato con el mundo y en el mundo nada le ayuda _ a serlo. Quoniam totus in maligno positus est. La Orden Tercera medio de santificacién -- 2: del Sacerdote. 32 “t= éD6nde encontraré el sacerdote secular un asilo, un abrigo, una defensa contra los peligros que comprometen su vida espiritual? En la Orden Tercera de San Francisco que ordenando su vida interior y exterior, le hara participan- te del espiritu de Jesucristo y contribuiraé a hacer fecundo su apostolado, dando- le el poder de reaccién que el Sacerdote mediador debe ejercer en la sociedad contra el paganismo reinante. Y‘al hacer esta afirmaci6n no me fijo tan slo en los consejos que leemos en la Regla de dicha Orden, que son como dijo Leén XIII, un extracto de todo lo que hay en el Evangelio aplicable a la vida secular, me fijo principalmente en el espiritu de tan benemérita Orden, que es el espiritu del Serafin de Asis, del Crucificado de Alvernia, copia del Crucificado del Gélgota; me fijo en el espiritu de aquel Santo que ha merecido ser llamado Crisfo sin divinidad. Con este espiritu la Orden Tercera levant6 el espiritu eclesidstico de la Edad Media, que fué la edad de la simonfa, de los concilidbulos, de las resistencias a la Santa Sede, de las claudicaciones de Prelados, de las conciliaciones y con- descendencias con el espiritu del siglo. Fué necesario aquel reactivo de ardo- res de Serafin para infundir en el Clero el espiritu eclesidstico. San Ivo, Parroco, :-: t-: Terciario y Santo. El primer Sacerdote secular santo que cuenta la Orden Tercera fué San Ivo, honra del Clero y honra de la Didcesis de Treguier (Francia), donde se mecié su cuna. La Universidad de Paris, emporio entonces de la ciencia, hubo de ren- dir tributo de admiraci6n a su talento y a su virtud. Los primeros afios de su vida sacerdotal ocup6 delicados y honrosos cargos en dos Curias episcopales. Mas sintiéndose atrafdo hacia una vida perfecta, cifidse el cord6n francisca- no, y dando un alto ejemplo de abnegaci6én, trasladése a una Parroquia para ejercer el ministerio espiritual de las almas y proptisose seguir la escondida senda de Jos pocos sabios gue en el mundo han sido, viviendo solo para Dios y para sus feligreses. Su vestido pobre, como usaban antiguamente los Tercia- Trios; su oracién constante; sus frecuentes ayunos que hacfa con todo rigor los miércoles, los sébados y todos los dias que aconsejaba la primitiva Regla de la Orden Tercera, y mas rigurosamente los cuarenta dfas que acostumbra la Iglesia; un dspero cilicio que llevaba cada dfa, eran otras tantas manifestacio- nes de su espfritu de penifencia. Mas atin; acosftébase sobre la dura tierra para descansar las pocas horas que robaba a Ja oraci6n y al sagrado ministerio, re- clinando su cabeza sobre un tomo de la santa Biblia. Su oracién era continua. Varias veces aconteci6 que, estando en su cuarto de estudio y oraci6n no salfa ni para comer ni para dormir durante una semana, segtin hallamos consignado en las lecciones del Breviario. : El cielo atestigué su virtud y premi6 la extraordinaria devoci6n con que ce- ta i 3 7 Hi } ‘ i So REELS SRS, 5 Sa SS SR a

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