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538 CONGRESO REGIONAL un sacerdote y un 4ngel, me postraria al instante de rodillas alos pies del sa- cerdote, para besarle las manos y dirfa al angel: perdonad la preferencia; pero las manos del sacerdote tocan al Verbo ‘je la vida y tienen algo de sobrehuma- no». Y en otra-ocasién decfa: «En los sacerdotes yo miro al Hijo de Dios». Por esto, cuando—confundidos con el pueblo—los sacerdotes le pedian ser investi- dos de su librea y su Regla de la Tercera Orden para vivir bien, los acogia con grande amor y una vez admifidos, les hacfa objeto de una ternura y particular solicitud y los exhortaba con veneracién. <«Escuchadme bien, les decfa, mis queridos hermanos. Si veneramos, como es justo, 4 la bienaventurada Virgen Marfa, por haber concebido por obra del Espiritu Santo y llevado al Hijo de Dios en su seno; si el Bautista, santificado en el vientre de su madre, tiembla al acercarse Cristo y no osa tocar el vértice de su cabeza para bautizarle; si es tanta la veneracién que sentimos al Sepulcro del Salvador, por haber estado en él unas cuantas horas; gqué pureza, qué santidad, qué mérito debe tener aquel que le toca con sus manos, no en su estado de mortalidad, sino en su estado inmortal y glorioso, como lo adoran y contemplan los angeles en el cielo? Hermanos mfos, los que sois sacerdotes, considerad vuestra dignidad y sed santos, porque el Sefior es Santo». A esto se encaminan las Reglas de la Tercera Orden de San Francisco de Asjs a producir la santidad en todos, mas principalmente en los sacerdotes. Los sacerdotes son ministros y representantes de J. Cristo. Un ministro debe obrar conforme al pensamiento, las ideas y la voluntad de aquel a quien representa. Jesucristo es, por lo tanto, modelo divino sobre el cual el sacerdote debe—para decirlo asi—calcar sus pensamientos, sus afecciones y sus actos. Por otra par- te, es también mediador y esta cualidad le obliga a sefialar mas en sf mismo es- ta semejanza« Oui sunt medii inter Deum et homines.» (Santo Tomas Ill q. 22-4. Un sacerdote debe ser santo inferiormente y delante de Dios, como asociado alas divinas Personas; y debe ser santo exferiormente delante de los hombres, porque representa a J. Cristo a sus ojos. La santfficacién de los ministros de J. Cristo asegura la eficacia de su ministerio y es condici6n infalible de la rege- neraci6n del mundo. El sacerdote no comunica el espfritu y la vida—como dice Nuestro padre San Francisco, sino cuando su apostolado llega a ser, no algo exterior a s{ mismo, sino la expresidn, el don de su alma. Peligros que rodean al Sacerdote. Las preocupaciones de la tierra hacen languidecer a veces la vida espiritual del sacerdote. Es necesario ponerle al abrigo de dos tentaciones, determinar en él la abdicaci6én de dos libertades peligrosas, la una por la que, siendo pro- pietario, debe disponer a su antojo de las cosas que le pertenecen; la otra por la que, siendo duefio de sus actos, dispone a su capricho de sus ocupaciones cuotidianas. La primera tentacién en el siglo de San Francisco y posteriores era vehemente y causa de muchas ruinas. El clero disponfa de cuantiosas ri- quezas y corria el grave riesgode no estar animado del espfritu de pobreza. Hoy después de jnmensos /arfocinios |a |glesia y el clero se ven obligados a vi- vir una vida esfrecha. Pero rodeado el clero en muchas partes del fausto y de riqueza y viendo que los mas humildes se enriquecen y medran, la acariciadora ambicién, puede hacer vacilar el alma del sacerdote y necesita grandes alientos y poderosos motivos para hacerle amar la santa pobreza, que hoy fuera de
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