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556 CONGRESO REGIONAL | to estudiar la influencia de la Orden Tercera en la familia, en la sociedad, (y par- ticularmente en la mujer) en la filosofia y teologfa, en las ciencias, en la poesia y hasta en la arquitectura. Supongo que mucho de esto y muy bueno habreis es- cuchado estos dias. Quiero hacer ligeras consideraciones sobre My as 4 La Tercera Orden de San Francisco -:- -:- y el Sacerdote -:- -:- Sacerdocio comun.—Hay un sacerdocio comin a todos los cristianos, (no hablo en sentido protestante), es completamente interno por naturaleza y consiste en sacrificar en honor de Dios los deseos todos de nuestra voluntad propia, a fin de cumplir pura y exclusivamente la voluntad de Dios. A este sa- cerdocio alude San Pedro en su epistola 1.*, donde exhorta a los fieles a ser santos, porque lo es Dios, que nos prepar6 la herencia de la salvaci6n, que ha de ser nuestro justo juez, y que nos rescat6 por un precio incomparable; por la perfeccién de la caridad fraterna, (cap. 1.°) y por la uni6n cada vez mas {ntima con Jesucristo; <piedra viva y angular desechada de los hombres y escogida de Dios.» «Sois también vosotros a manera de piedras vivas edificados sobre El (de Cristo que es el fundador), siendo como una casa espiritual, como un nuevo orden de sacerdotes santos, para ofrecer victimas espirituale ques sean agradables a Dios por Jesucristo.» (Cap. 2.°-5-9.) Es, por tanto, un sacerdocio espiritual el de los fieles. La victima somos nosotros, nuestros deseos propios, nuestra voluntad propia, segtiin aquello de San Pablo a los Rom. (XII-I). «Hermanos mfos; os ruego encarecidamente por la misericordia de Dios, que le ofrezcais vuestros cuerpos como una hostia o v/cfima viva, santa y agra- dable a sus ojos, que es culto racional que debeis ofrecerle.» El sacrificador es el mismo Dios, cuya santa voluntad consume lu nuesira y también somos nosotros mismos con Dios, puesto que el sacrificio solamente se realiza con nuestro consentimiento por la unién de nuestra voluntad con la de Dios. El a/far es la Cruz de Jesucristo en la cual nuestro «yo» humano esta es- piritualmente crucificado. A este sacerdocio son |lamados todos los cristianos. A todos se les ha di- cho, «Sed perfectos como vuestro Padre celestial lo es.» «El que quiera venir en pos de mi, niéguese a sf mismo, tome su cruz y sigame.» <El reino del cielo padece violencia, y los que se la hacen, lo alcanzan.» «<Bienaventurados los po- bres de espiritu, porque de ellos es el reino de los cielos.» «<Bienaventurados los que sufren, bienaventurados los que lloran, porque ellos seraén consolados.» Un mandamiento nuevo os doy: que os ameis mufuamente como yo os he amado». Y decidme. ¢No es este el espiritu de San Francisco de Asis? gNo es el de su Tercera Orden? Pero no es este sacerdocio comin y general al gue quiero hacer converger mis observaciones, sino al Sacerdocio propiamente dicho. El Sacerdocio propiamente dicho. Me refiero principalmente al sacerdocio de que habla el Apéstol en el capi- tulo V de su epistola a los Hebreos, donde dice: <Todo Pontifice entresacado de los hombres, es puesto para beneficio de los hombres, en lo que mira a e/ cul- to de Dios, a fin de que ofrezca dones y sacrificios por los pecadores». Sefia- la en este capfiulo las cualidades del Pontifice o Sacerdote y dice que son cua- oe
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