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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS : 331 -mos al pueblo, no sélo con dinero, sino con el alma y a fuerza de amor, le ha- gamos olvidar su odio y le obliguemos a amarnos también! Yo vine aqui hace unos afios y os pedf a vosotras sefioras, amor para las obreras de Pamplona... Hoy al hablar de feminismo y al estudiar uno de sus zspectos, vuelvo a pediros que os acerqueis mds y mas a ellas, que las ayudeis, que las protejais que recordeis que tienen un alma, y esa alma, es el ideal santo que nos arrastra a luchar y a cansarnos y acaer si es preciso en la pelea: el ideal de que nos hablaba hace poco el Nuncio de Su Santidad, Mgr. Tedeschini, que era el que sin duda nos llevaba a nosotras, a trabajar y soportar amarguras, que son muchas a veces las que se encuentran en la accién social, porque con el interés profesional, por cima de él,vemos la labor que podemos llevar a cabo con esas obreras hermanas nuestras, alas que estamos obligadas a ser un ejemplo y un amparo y una defensa. Ahora porque me haria muy molesta, va- mos al segundo aspecto del feminismo que la Iglesia bendice y aprueba. Es este el feminismo que quiere conservar al hogar, a la familia, todo su po- der, toda su autoridad, que lucharé, y ha empezado ya hacerlo, con tes6n, con energia, sin desmayos, contra esas doctrinas malsanas que pretenden implan- tar en Espafia el divorcio, del cual ya he dicho que es portavoz la revista Ma- numisién que se publica en Madrid; que pretenden destruir la autoridad del jefe de la famila, representante en ella de la autoridad de Dios, que quisieran como dijo muy bien un obispo americano, arrancar de las sienes femeninas su corona de reina del hogar, de educadora, de compafiera del hombre, que desearfan y creen neciamente en ello, que el Papa reformase la famosa Epfstola de San Pa- blo, el apé6stol de las gentes al que no quieren nada,—y seria gloria para él si de gloria necesitase,—las feministas de la izquierda, por aquello de que la mu- jer ha de obedecer al marido.., obediencia que no aceptan nuestras feministas, tan sumisas sin embargo, a las que tales doctrinas propalan y desarrollan. Estamos en unos momentos dificiles, no cabe negarlo, y por si eran pocas las plagas que hemos de soporiar, se nos presenta esta, del feminismo avanza- do, laico, neutro, que en mayor o menor escala, quiere manejarse solo, no ad- mite ni desea aprobacién o prohibicién de la Iglesia, ni consiliarios, porque son hombres, sin acordarse de que yendo solas caeran, se harén trizas, porque ya dijo el Maestro Divino que un ciego no puede conducira otro ciego, porque los dos tropezaran y caeran al abismo. Contra esta plaga, hemos de combatir... y en primera fila, en la vanguardia, hermanos mios, es de justicia proclamarlo, ha luchado la Accién Cafdélica de la Mujer, y no pocas veces ha sido el dique contra el cual se han estrellado las demasfas feministas, a la vez que el porta estandarte del feminismo catélico es- pafiol, que pide lo que es justo sin extralimitaci6én alguna, dejando a la mujer que lo siga siendo, huyendo de todo exceso, conservando el hogar y fortaleciendo sus cimientos, y proclamando a la faz de todos su leal e incondicional adhesién a la Iglesia Catdlica, Quiza hasta vosotras, terciarias navarras, no lleg6 el eco de todas esas doctrinas funestas, y os preguntais con asombro si es verdad que haya mujeres que piensen y obren fan en anticristiano y antiespafiol. Sf las hay; y para que cuando la mala semilla sea sembrada por mi fierra navarra, que lo sera, sinolo ha sido ya, esteis prevenidas, yo os aviso desde ahora, que os descubro este feminismo que no podemos aceptar, yo os pido que en cambio os agrupeis, cuando en Pamplona haya, que seguramente no tardar4, junta de la Acci6n Ca- t6lica de la Mujer, en derredor de esa bandera, que el primero enarbol6é el gran

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