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550 CONGRESO REGIONAL mia, el Sr. Bergamin, el cual afectuosamente me dijo: «Este es el feminisno mas simpatico, con este estaremos conformes; para estas propagandas fienen_ uste- des de par en par abiertas las puertas de este centro.» Y ahora, sefiores, que regreso, por decirlo asi, pues hace s6lo unos dias que estoy de vuelta de Bru- selas, de haber asistido al Congreso Internacional de Sindicatos Femenimos Cristianos, representando a la Accién Catélica de la Mujer y a la Federaci6n de Madrid y de San Sebastian, puedo deciros que en todas partes este movimiento de simpatia, de interés, de afan de mejorar la situacién de la obrera, es intensa; es que resultaba hermoso, alentador, muy cristiano, fiel reflejo del mandato di- vino de que nos amadsemos los unos a los otros, el espectaculo que he presen- ciado, de mujeres cuya posicién social les proporcionaba una vida c6moda, una vida facil, venidas alli, a la capital de Bélgica, Ilevadas de un solo deseo, de una sola aspiraci6n, la de estudiar los medios conducentes a que la obrera ten- ga mejor salario, viva mejor, a que la justicia amparada por el amor reemplace la miseria y la explotaci6n que durante muchos afios reinaron, y para conse- guir esas mejoras todas las alli reunidas, de Francia, de Bélgica, de Italia, de Suiza, de Holanda, de Luxemburgo, de Austria, de Alemania, de Espafia, no vacilaron en sacrificar ese bienestar y esa comodidad y emprender un viaje lar- go, molesto, y trabajar muchas horas seguidas, satisfechas de demostrar de este modo su interés y su carifio hacia sus hermanas las obreras, y de poner un solemne mentis a los que equivocadamente acusan a las clases directoras fe- meninas en inmiscuirse en los asuntos profesionales de las obreras, por afan de mandar y de manejar a éstas; porque las congresistas de Bruselas, sin meterse para nada en lo profesional, estudiaron con verdadero espiritu de cristiana fra- ternidad todo lo quea las obreras podria beneficiar, sin otro interés que hacer . el bien ni otro anhelo que hacer triunfar la justicia y el amor. Y tanto prevalecié este criferio, que hasta unid, por primera vez después de la guerra europea, a las que fueron enemigas que parecieron irreconciliables, puesto que hemos vis- to con alegria y edificacién unidas en una misma labor a alemanas y aliadas, seguidoras todas de esa bandera de paz y de amor a los humildes, a los que en la vida van mds penosamente cargados con el peso de las luchas humanas, que de manos de Jestis pas6 a Jas manos de los que son discfpulos suyos. Ese feminismo lo ha hecho figurar en su programa la Accidén Cafdlica de Ja Mujer, ayudando a crear sindicatos en las poblaciones donde no los habia, haciendo suyas las peticiones y reivindicaciones de las obreras, apoyandolas de toda su influencia social, acortando distancias y uniendo voluntades y corazo- nes, labor evangélica, labor que la Iglesia bendice, pues por desgracia demasia- do separados estamos unos de otros, y lo que urge y lo que se precisa es acercarnos, es que nos conozcamos, y conociéndonos nos amemos como her- manos. No ha de ser este feminismo el nuestro, hermanas mias que llevais como yo el cord6n franciscano, que nos habla de caridad, que nos habla de paz, que nos habla del Serafin de Asis que tanto am6 a sus prdjimos y tanto encarecié a sus hijos ese amor y esa concordia y esa uni6n? ZQuién como el ejército fran-. ciscano para unir corazones, suavizar rencores y fundir en un sdélo amor lo mismo los de arriba que los de abajo? jAh!, si hiciésemos nuestra la doctrina del Maestro Divino y supiésemos imitar a San Francisco de Asis, jqué pronto caerfa deshecho en polvo el terrible problema social que se empefian en solu- cionar con leyes, pero que no se solucionaraé mientras no le demos como reme- dio el evangelio, el amor de justo, la fraternidad cristiana, y mientras no vaya- i RG tae Se

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