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526 CONGRESO REGIONAL La Pobreza y la caridad, solucién :—: de los problemas actuales :—: A la sociedad actual, hay que recordarle estas verdades tan cristianas y que tanto parecen desentonar en los tiempos presentes: esclava de las riquezas, ren- dida ante el falso brillo del becerro de oro, no hallara su salvaci6n mientras no vuelva a beber las fecundas y regeneradoras aguas nacidas en las més puras fuentes del Evangelio de Cristo. (Aplausos) Porque el cristianismo, no es sd6lo un nombre ni una mera etiqueta: es un todo arm6nico, integrado por una doctrina y una conducta: la fé y las obras son los dos elementos esenciales de nuestra Santa Religién, que tiene en la caridad la expresi6n sintética de la conducta perfecta del cristiano. Y aunque por un concepto mal entendido, haya podido decirse que la cari- dad cristiana es insuficiente para resolver el problema social de los tiempos presentes, hemos de sefialar el profundo error en que incurren los que tal afir- man; la caridad cristiana es y seré siempre suficiente para resolver cuantas dife- rencias puedan existir a través de los tiempos. Si el cristiano cumple con el deber de amar a su prdéjimo como a si mismo, que es lo que ordena la caridad, gqué clase de conflictos podran existir entre los hombres, que no tenga adecuada solucién? La inobservancia de esa caridad, el olvido del Evangelio, la organizacién social anticristiana, juddica dirfamos con toda propiedad, son las causas que han perturbado profundamente a los pue- blos modernos, que s6lo en la vuelta al Evangelio tendran su salvaci6n. Rectamente han entendido los Jefes de Inglaterra y sus dominios que la so- ciedad presente, que camina a Ja disolucién a pasos agigantados, sdélo podra salvarse con un movimiento regenerador de espiritualismo cristiano que la des- materialice y la acerque a Dios. San Francisco de Asis debe ser para ello nuestro norte y nuestro guia: y ya que la perfeccién de la vida de la Orden franciscana no sea dable extenderla a toda la sociedad, que ella constituya por lo menos e/ idea/; el que podremos realizar en su parte mas fundamental, propagando la benemérita Orden Tercera, mediante la cual haremos compatibles nuestras ocupaciones seculares con la imitacién del Santo Patriarca de Asis. Y si nuestra virtud no es desgraciadamente tan sélida como para imitar al Santo en su amor a la pobreza, por lo menos, que no sea deforme en nosotros, que presumimos de buenos catéticos, el concepto cristiano de la pobreza; ame- mos a los pobres como a hermanos més perfectos que nosotros, tratémosles con todo carifio y recordemos en fodo momento que ellos constifuyen /a arisfo- cracia de Cristo, quien durante toda su vida, dié un constante testimonio de su especial amor a los pobres, naciendo de una familia artesana sin fortuna, vi- viendo siempre pobremente y escogiendo sus discfpulos de las clases mas mo- destas de la sociedad. La pobreza espiritualiza y redime a los hombres: la riqueza, por el contra- rio, es ocasién de vicios y de apartamiento'de la virtud. No necesitamos salir de Navarra para demostrarlo: la riqueza que estos afios ha entrado en nuestra Ribera, debiera haber sido una bendicién de Dios; y sin embargo, todos sabemos que ha sido un elemento corruptor de extraordina- ria potencia, que ha traido a nuestros pueblos la desmoralizacién propia de las grandes Ciudades; y es que nada hay mas dificil que poseer riquezas y saber usar adecuadamente de ellas con arreglo a la doctrina cristiana.
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