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AS SEE a a 522 CONGRESO REGIONAL Y dirigiéndose, asf enardecido, a su compaifiero. le dijo: jAh! jah! jah! Fr. Masseo, acércate a mi. Y repitié esta frase tres veces; a la tercera vez, San Francisco levanté con el aliento a Fr. Masseo en el aire, y lo lanz6 delante de sfa distancia de unos — cuantos palmos, y en ello Fr. Masseo experiment6 grandisimo estupor. Y conté después este a sus compafieros que en aquella elevacién y empuje con el alien- fo que recibié de San Francisco, experiment6 tanta dulzuraen el dnimo y tales consuelos del Espfritu Santo, que en toda su vida no los habia experimentado fan grandes. Hecho esto, dijo San Francisco: «Hermano, vayamos a San Pedro y a San Pablo y roguémosles que nos ensefien y ayuden a poseer el tesoro inestimable de la santa pobreza, porque ella es tesoro tan elevado y tan divino, que no somos dignos de poseerlo en nuestros cuerpos vilfsimos, conociendo que es esta virtud celestial, por la cual todas las cosas ferrenas y transitorias se desprecian, y se quitan del alma to- dos los estorbos, para que pudiera libremente unirse con Dios eterno. Esta es aquella virtud por la cual el alma, aun viviendo en la tierra, se co- munica con los angeles del cielo; esta es la que acompafié a Cristo en la Cruz, con la que Cristo fué sepultado, con la que Cristo resucit6 y subié a los cielos; la cual, poseyéndola en esta vida, concede a las almas que estén enamoradas ‘de ella, agilidad para remontarse al cielo; ella es, en fin, el arma poderosa con que se defienden Ia humildad y la caridad. Y por esto roguemos a los Santos Apésioles de Cristo, los cuales fueron perfectos amadores de esta perla evan- gélica, que nos alcancen esta gracia de nuestro Sefior Jesucristo, y que por su santisima misericordia nos concedan merecer que seamos verdaderos amado- res, guardadores y humildes discfpulos de la preciosfsima, amantisima y angé- lica pobreza.» (ap/ausos) La esencia de la Pobreza. La pobreza, que no debe confundirse con la indigencia ni con la miseria, es virtud fundamental que en esencia consiste en el despego de nuestro 4nimo res- pecto de los bienes materiales de toda clase. Es a nuestro juicio la virtud mas dificil y la que mas acerca a Jesucristo; por eso nos dice el Evangelio que no es posible la perfecci6n ni el seguir a Dios, sin dejar primeramente los bienes terrenos déndoselos a los pobres; y es que los bienes materiales ligan por su propia condici6n a la tierra el 4nimo del hom- bre y su abundancia produce una constante inclinaci6n a olvidarnos de los alfti- simos intereses de Dios y de la virtud. La pobreza es de distintas clases y no todas ellas son virtud. La pobreza por la ociosidad no es virtud, sino vicio y vicio de los mas cen- surables: ni lo es tampoco la pobreza odiada, que lleva a los hombres por el camino de la desesperacién y a la sociedad por el camino de la lucha de clases. Lo es, en cambio, la pobreza soportada y lo es mucho mas la pobreza ama- da. Ser pobre, por tanto, no es lo mismo que ser virtuoso: hay que ser pobre sin culpa o pobre por amor a la pobreza. ‘ Por eso pudo decir Fray Luis de Granada que «no es la pobreza virtud, si- no e/ amor a /a pobreza.» Y Levesque afirma que «la pobreza no es virtud sino cuando se sabe sobrellevar>. No faltardn entre mis oyentes algunos que crean que el tema de la pobreza no es muy oportuno en estos tiempos; y seguramente que para la casi totalidad de nuestros semejantes de hoy, es locura y locura insensata el ocuparse de la

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