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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 521 conslituyen la esencia y la hermosura de la perfeccién religiosa, la pobreza, la castidad y la obediencia, resplandecfan con brillo igual en el Serafico Patriarca; pero que la pobreza era la prerrogativa esencial suya y el mejor florén de su corona. (ap/ausos) La Pobreza, fuente de alegria y de paz. El espiritu de pobreza, y de pobreza perfecta, y la preferencia dada a esta virtud sobre las otras, es, sin género ninguno de duda, el rasgo caracterfstico de la fisonomia de San Francisco, el alma de todas sus empresas y uno de los aspectos providenciales de su misién; y supo el Patriarca de Asis imbuirle tan bien en su Orden, que todavia hoy, después del transcurso de siete siglos, sigue siendo el cardcter original y distintivo de los Religiosos Menores. Uno de los frutos mas admirables de este espiritu de pobreza es cierta paz interior y cierta suavisima alegria que se refleja en el semblante del verdadero hijo de San Fran- cisco, y cuyo origen intimo no es desconocido para el cristiano. Esos peniten- tes, esos fervientes discfpulos del Calvario, llevan con gusto la cruz de la obe- diencia y del trabajo, del sufrimiento y la humillaci6n, porque para ellos, como para su excelso Fundador el amor la quita todo el peso. Igual doctrina aparece en la delicada obra titulada <Florecillas de San Fran- cisco:» «Y llegando un dia a una ciudad algo hambrientos, anduvieron, segtin la Regla, mendigando el pan por amor de Dios; y San Francisco fué por un barrio . mientras Fr. Masseo iba por otro. Pero como San Francisco era un hombre tan despreciable y pequefio de cuerpo, los que le conocfan le reputaban por un po- brecillo y de aqui que no recogiese mas que unos mendrugos y pedacitos de pan seco; pero Fr. Maseo como era alto y bello de cuerpo, recogié muchos y bue- nos pedazos, aun panes enteros. Después que hubieron pordioseado, se reunieron fuera de la villa para co- mer en un sitio donde habia una hermosa fuente, y al lado una gran piedra lar- ga y hermosa, sobre la cual cada uno eché toda Ja limosna que habfa recogido. Y viendo San Francisco que los pedazos de pan de Fr. Masseo eran més y mas excelentes y mayores que los suyos, dié muestras de grande alegria y dijo: jOh Fr. Masseo! No somos nosotros dignos de tan gran tesoro. Y repitid esta frase muchas veces, hasta que Fr. Masseo contesté: Padre, 4c6mo se puede llamar tesoro donde hay tanta pobreza y faltan tan- tas cosas de que tenemos _necesidad? Nos falta mantel, cuchara, cuchillo, pla- fos, casa, mesa, criado o criada. Dijo entonces San Francisco: Pues esto es lo que yo reputo gran tesoro, porque no hay aqui cosa ningu- Na preparada por la industria humana, sino dispuesto por la Providencia Divi- na, como se ve claramente en el pan mendigado, en la mesa de piedra tan bella y en la fuente tan saludable y tan clara: por eso quiero que pidamos a Dios, que el tan noble tesoro de la santa pobreza, que tiene por guardadora Dios, noslo haga amar con todo nuestro coraz6n. Y dichas estas palabras hicieron oracién, tomaron refeccién corporal y se pusieron en camino de Francia. Al pasar por una iglesia dijo San Francisco a Su compaiiero: Entremos en esta iglesia a orar. Se fué San Francisco detras del altar, y allf se puso en oraci6n, en la cual recibié de la divina gracia tan excesivo fervor, que inflam6 ardientemente su al- ma en el santo amor de la pobreza; y en el color de su semblante y en el mover de sus labios, parecia echar llamas de amor. 21
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