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é i DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 519 pais sentida: asi cada una llena uno o varios fines, los que van determinando la aparicién de las distintas Ordenes a través de las sucesivas épocas de la _ Historia. :-La Orden Franciscana-: y su misién en el mundo. Ocupa entre ellas un lugar preeminente la Orden franciscana, nacida en Italia en el siglo XIII. &Cual era el estado social en Italia y en Europa en ese siglo?: Bastaria coger cualquier manual de historia, para ver el estado de barbarie y de relajaci6n en que la sociedad se encontraba en esa época. Perfodo guerrero esencialmente, llevaba consigo gérmenes de corrupcién de aquella gravedad inseparable de todas las grandes guerras, agravadas con el feudalismo y la heregia albigense que devoraba grandes territorios del Sur de Francia. En esas circunstancias criticas, aparecieron San Francisco y Santo Domin- go de Guzman, columnas firmisimas de la Iglesia, escogidas por Cristo para salvar, como salvaron, la sociedad y la civilizacién cristianas. Franciscanos y Dominicos, con el ejercicio de las mas puras virtudes evan- gélicas y la predicaclén de la verdad, produjeron una hondisima y salvadora revoluci6n, cuyos efectos llegan hasta la época presente. La Pobreza, caracteristica de :-San Francisco y su Orden -; &Qué representacién tienen San Francisco de Asis y su Orden dentro de la variada serie de Ordenes Religiosas del Cristianismo? Su significaci6n es bien clara y manifiesta: el ejercicio de todas las virtudes que integran la perfecci6n cristiana, pero especialmente la humildad y como ex- presi6n mas singular y grafica de ella, la pobreza. El Poeta de la pobreza fué \lamado nuestro Santo; y a fé que con razé6n se le design6 asi, porque nadie ha cantado con el entusiasmo que él las exce- lencias del despego y el aborrecimiento de los bienes terrenales: toda su vida es un himno vibrante a la pobreza evangélica y es interminable la serie de epi- sodios en los que el Santo pone de relieve su extraordinario amor a tan dificil virtud. El segundo Cristo, llagado como el primero. hubo de imitarle también, entre otras muchas cosas, en buscar la compafifa de los pobres y de los humil- des y en no tener en muchas ocasiones, lugar decoroso en donde reclinar su cabeza, sin que la tristeza lograse jamas por tal motivo vencer el esfuerzo de su dnimo totalmente entregado a Dios. Por eso han podido decir sus biégrafos que era la pobreza la piedra de to- que para contrastar la vocacién de los que trataban de entrar en su Orden; y los ejemplos del joven milanés y el rico de Ancona y otros varios, demuestran su insuperable acierto al obrar asf. : «No desaprovechaba el Santo Patriarca, dice el Padre Cherancé, las ocasio- nes de inculcar en sus religiosos el desprecio de las riquezas, como se prueba con lo siguiente que leemos en San Buenaventura: En 1222, durante su _peregri- naci6n apostélica por el reino de Napoles, al salir un dia de la ciudad de Bari, vi6é a orillas del camino un gran saco que parecia lleno de monedas de plata y oro. Su compafiero de viaje, que era el angelical fray Len le pidid permiso pa- fe 3 :

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