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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS Sil _ alos blasfemos ante las autoridades, y a reprenderlos con caridad, para que reconozcan su falta y se arrepientan. Dos Memorias al margen de los Temas En la lista de Temas que fué facilitada a los Terciarios para darles una orientacién acerca de los trabajos que podian presentar al Congreso, se ad- vertia que cada Terciario 0 Religioso podia escoger otro tema, aparte de los indicados, para exponerlo ante la Terciaria asamblea. Ademas de las Memorias que venian clasificadas, recibiéronse dos que fueron aprobadas por la Comisién encargada de examinarlas y de trasladar- las alas ponencias. La primera es del R. P. Leonardo de Vera. Trata sobre los Directores de la Orden Tercera. La otra es de un Terciario de Pamplona que oculta su nombre. Consti- - tuye una acertada exposicién sobre aquel articulo dela santa Regla que acon- seja al Terciario hacer Testamento. Rdo. P. Leonardo de Vera, O. M. Cap. Los Directores de la Orden Tercera. Empieza el autor diciendo que la influencia de un buen Director en las Hermandades de la Orden Tercera, es evidente. Si el Director estd dotado de las cualidades necesarias para el exacto cumplimiento de su cargo, y él se entrega totalmente a tan fecundo ministerio, es indudable que florecerdn las Hermandades a él encomendadas. Hay muchas Hermandades que arrastran una vida languida; que distan mucho de producir los saludables efectos que en el orden religioso, moral y social esperan de la Orden Tercera los Romanos Pontifices. Si examinamos la causa, veremos con frecuencia que no es la falta de aptitudes de los miem- bros de la Junta, ni la tibieza de los Terciarios, ni agentes externos que pa- ralicen su accién, sino la insuficiencia e ineptitud de los Directores, 6 \a imposibilidad en que se hallan éstos de atender a la Orden Tercera. Muchos Directores, al recibir su cargo, creen que les ha sido encomen- dada una de tantas asociaciones piadosas; y aunque no lo crean, concretan su accién y celo a los limites estrechos de una cofradia. Con lo cual, la Or- den Tercera no da otro fruto que el fruto que puede rendir una cofradia. Otros saben bien el gran caudal de energias que contiene esta Orden secular que tanto entusiasmo ha despertado en el corazén de los Romanos Pontifices; pero abrumados por el! peso de otras graves obligaciones que les

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