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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 299 sus acciones. De donde seran buenas las obras que a ese Cédigo se amolden, y malas las que de él se separen. Buenas las empresas que al Decdlogo se ajusten y malas las que lo contradigan. Buena la prensa que en su publicacién se somete a los mandamientos de Dios, y mala la que contra ellos se rebela, en mds 0 en menos, pues ello no muda la especie. Esto supuesto debemos considerar desde luego mala prensa, pésima pren- sa, a toda aquella que se publica desconociendo la obligacién en que estd, de amar y honrar a Dios Nuestro Sefior sobre todas las cosas; desentendiéndose de su soberanfa absoluta, o restringiéndola al orden meramente natural; o pro- clamando la independencia de la libertad’ en la esfera social; porque en todos los casos, quebranta la sumisi6n que a Dios debe, como duefio y Sefior de cuanto existe. Toda esta prensa tiene su nombre propio, y se llama liberal; porque se pro- duce imbuida de las malditas y condenadas libertades de conciencia, cultos, pensamiento, ensefianza; libertad de hablar y escribir; es la prensa de la moral independiente, del amor libre, y consiguientemente del matrimonio civil, de la secularizaci6n de los cementerios; errores y principios que van directamente contra la obligaci6n primera del cristiano de amar y honrar a Dios Nuestro Se- fior; primera digo, por ser éste el mandamiento principal segin noslo ensefié el mismo Jesucristo, al contestar a uno de los escribas judios, cuando le pre- guntaba: «Maestro, gcudl es el precepto maximo en la ley?», y Jestis le respon- dié: <Amaras al Sefior tu Dios con todo tu corazén, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.>» Siendo pues toda esta prensa enemiga declarada de Dios, dicho se esta que el ferciario, debe ser enemigo de ella; y que debe combatirla a sangre y fuego, procurando su destrucci6n y exterminio, por todos los medios que estén a su alcance. Pero ya que a esta prensa no, gle sera licito al terciario suscribirse, favore- cer o leer esa otra prensa, no incluida en este grupo y que queda al margen? Vayamos por partes. Ademas de esa prensa radical en su rebeldia contra Dios, hay otra, que queriendo pasar plaza de buena, y confesdndose en ocasio- nes creyente, viola todos los mandamientos enderezados por Dios al provecho del préjimo, al escribir practicamente en liberal, rezumando todos sus artfculos, sueltos, trabajos literarios, poesfas, ilustraciones, crénicas y anuncios, el virus deletéreo del mundo, demonio y carne. Si pues al hijo de San Francisco le esta vedado por Regla, el lujo y_ la di- sipacion, la refinada elegancia, la asistencia a danzas y espectdculos inmora- les, los festines y banquetes, las chanzas poco honestas, las palabras indecen- tes, etc., gcOmo podra serle licito leer y saturarse de esos peridédicos y revistas que se nutren y viven de ese manantial de todas las concupiscencias, ya las que la Regla de San Francisco les cierra el paso, con un muro infranqueable? Dirdn tal vez, que no existe el mismo peligro en el leer que en el asistir a todas esas fiestas y espectaculos del mundo. Pero aunqueel peligro sea mas atenuado, no deja de ser peligro, y peligro mas grave del que se cree, per ese realismo erético y lujurioso con que esos _peridédicos y revistas escriben, des- criben y relatan todas esas orgias de guante blanco. Nadie ha puesto en duda que las lecturas peligrosas sean sugestionadoras de la sensualidad, y esto lo corroboran de consuno Santos doctores y moralis- tas. Cae pues de su peso, que el terciario franciscano debe proscribir de su ca- sa, almacén, tienda, escritorio o fabrica, toda esa prensa que mancha y tizna con solo tocarla o pasar la vista sobre ella; y que debe privarse y privar a los
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