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DE TERCIARIOS PRANCISCANOS 295 -cina, tropieza con los mismos o muy parecidos escollos o peligros que la _juventud obrera, los cuales se agrandan, respecto de estos jévenes y de to- dos con la facilidad del contacto entre personas de distinto sexo, con la vo- = _ juptuosa y provocadora inmodestia de los vestidos de las jévenes, y con la tolerancia modernisima y ya general en todas las clases sociales de prescin- - dir las hijas de familia, aunque sean unas nifias, de toda compaiifa de repre- sentaci6n para salir a la calle, loque seré muy varonil o muy hombruno y desenvueito, pero impropio de la debilidad o delicadeza de la mujer. ¢Y seran necesarios otros argumentos que los propios hechos, para per- catarse de la imperiosa necesidad de una restauracion cristiana del modo de ser de la juventud por medio de la ensefianza del Catecismo? La ensefianza de la doctrina cristiana alos adultos, puede ser directa por medio de las escuelas ad hoc, o indirecta por medio de hojas y todo gé- nero de impresos; aunque la primera forma es mds intensa porque se dirige personalmente a una concurrencia determinada y es metédica y estimulada; la seguada es mas extensa porque la distribucién gratis del impreso se hace en general y puede una hoja (y asi acontece) pasar por distintas manos. La ensefianza de la doctrina en estas escuelas especiales ofrece la ven- taja no pequefia de la base de la instruccién primaria; p2ro a su vez tiene los inconvenientes de la falta de persevérancia y variabilidad del auditorio su- puesto que la asistencia a ellas, po: tratarse de adultos, ha de ser voluntaria y el de su necesidad de combinar los dias y horas de escuela con los de des- canso del obrero y sirviente. Ambos inconvenientes se pueden salvar por medio de las escuelas domi- nicales para obreras y sirvientes, y las nocturnas para obreros, estimulando la asiduidad de la asistencia por medio de ingeniosas combinaciones, de las que hay en practica muchas y muy atrayentes; entre ellas las rifas periddi- cas de objetos de piedad, telas y prendas de uso entre los presentes, que previamente exhiban cierto ntimero de contrasefias 0 va/es de asistencia; el sorteo de premios ya en metdlico ya de los objetos dichos, entre los concu- trentes que entreguen papeletas con las mejores calificaciones; y si ala en- sefianza del catecismo se afiaden las de lectura, escritura, cuentas y urbani- dad; el ensayo de algunos cdnticos sagrados; el celebrarse algunas reunio- nes al aire libre y en locales de buenas condiciones higiénicas todas; y finalmente proyecciones cinématograficas, funciones religiosas y veladas en dias sefialados, es indudable que la escuela tendria asiduos concurrentes, porque se ensefiaria deleitando. La importancia de las escuelas dominicales es mayor de lo que parece, porque no solo instruyen a las obreras y sirvien- tas que las frecuentan, sino que las apartan de grandes peligros, y evitan muchos escandalos; sin contar con que regularizan el trabajo, y servicio do- méstico, y restan prosélitos al socialismo naciente. La propaganda por medio de impresos de no mucha lectura pero escogi- da; por medio de folletitos con algunos grabados; y de postales con graficos de pasajes del Evangelio sobre todo, y explicacién de los mismos, es de efec-
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