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PF Phan WIS IAL A A IED 2S CAD IG REPT a pong fa ~ yaaa ry Rae 294 CONGRESO REGIONAL La Caridad es la reina de las virtudes, por ser la suma de todas ellas; y como constituye el objetivo de la Orden franciscana es inexcusable la actua- cién directa e inmediata delos Terciarios en la ensefianza del Catecismo, tanto mds cuanto que nuestra Orden es una continuacién y complemento de la primera en el siglo, y nuestro Padre San Francisco un dechado de cari- dad, en quien adquirié personificacién real esta virtud, que con tanta fideli- dad acerté a copiar del divino modelo, del mismo Jestis, fuente de toda Ca- ridad. Si fijamos la atencién en la juventud de nuestros dias, que segtin ley na- tural es la que ha de reemplazarnos mafiana, el espectdculo no puede ser mas desconsolador. Empapado su cerebro en las lecturas frivolas y vanas que le suministran a diario la mala prensa, en folletines o folletones, y las novelas de toda especie; impresionados sus sentidos por las proyecciones ci- nematograficas terrorificas y espeluznantes, que devoran con avidez, y por las representaciones teatrales demasiado atrevidas; y despiertos sus bajos instintos por todo género de descripciones graficas, ya picarescas, ya cini- camente galantes, llegan como el famoso Hidalgo de la Mancha a formaree un concepto completamente subjetivo, y absolutamente falso de la vida, mol- deado en el taller de su imaginacion y fantasia a requerimiento de su_capri- cho, al que erigen en regulador y norma de su conducta; resistiendo, en su consecuencia, todo imperativo que contrarie las exigencias de su mal inclina- da naturaleza. Como no les preocupa la idea de Dios, no sienten la necesidad de ele- var su espiritu al Cielo, ni aun en sus contrariedades, y como no _ presienten siquiera los puros consuelos y goces que la oracién proporciona al alma, no ponen nada de su parte por enterarse de ello, no siguen otros estimulos que aquellos que les brindan sus sentidos, y con una sonrisa burlona, pero gro- tesca y tipica de la ignorancia, contestan cuando.se les habla de orar; de donde resulta que su pensamiento tinico, su tinico anhelo es gozar, el diver- tirse, ora pretextando exigencias del buen tono o de la cultura fisica, ora su falta de salud, u ora la necesidad de descanso y expansion. En donde mas estragos causa este egoismo y esta ignorancia de la doc- trina, es en la juventud dedicada al taller u obrador, oficina o comercio y al servicio doméstico, porque en cumptiendo éstos, bien o mal, con los meneste- res de su cargo, creen que ya esta todo hecho. El taller engendra en el obre- ro el habito de ejecutar aquello a que se le dedica, adiestrandole y perfec- ciondndole en su ejecucién, de tal modo, que llega a trabajar sin darse ape- nas cuenta de ello, trocdandose en una verdadera maquina, pero una maquina que piensa y piensa mucho, por lo mismo que nada tiene que discurrir mien- tres le dura el trabajo, y como siente el acicate de la concupiscencia y esta acostumbrada su voluntad a dejarse llevar del habito, o sea, a obrar sin fle- xién ni violencia alguna, (a costa de la facultad de resistir y de la conscien- cia de la accién, elementos integrantes de la libertad) debido a su ignorancia, se deja auto-sugestionar de sus malos instintos y desoye o no percibe los alertas del deber. La juventud dedicada al servicio deméstico, al del comercio y de la ofi- ‘ a 4 id a si 7

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