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DE TERCIARIOS FRANCISCANOS 294 el Habito de San Francisco en una sepultura baja sin adornos, afirmé en el mismo testamento que'su principal intencién fué de procurarinducir y traer los pueblos (de Islas y Tierra firme) a nuestra Santa Fé Catélica, y ense- fiarles buenas costumbres; y suplica al Rey y a la Princesa su hija que este _ sea su principal fin y que en ello pongan mucha diligencia. II Los Terciarios deben ser misioneros. Es en extremo consolador el entusiasmo, que de un tiempo a esta parte, - han despertado las Misisnes en todo el orbe catélico; por todas partes vemos aparecer grandes instituciones destinadas a favorecer en todo alos misioneros; revistas que ponen en comunicacién 0 los misioneros y neo-conversos con los fieles y que excitan el carifio y liberalidad de éstos para con aquellos. No hay para que decir que este movimiento ha sido bendecido y va presidi- do por el Sumo Pontifice, Benedicto XV, honra de la V. O. T, de San Francis- co, justamente llamado el Papa de las Misiones; el cual deseando avivar més y mas .en los fieles el celo por la propagacién de la fé, dirigid a todo el orbe ca- télico la hermosa Enciclica «Maximum, illud» (1) en la que da hermosas ins- ‘ trucciones a los misioneros y alos obispos para que formen nuevos apdéstoles. Dos son los deseos que el Romano Pontifice manifiesta en la citada Enci- clica: 1.° Ganar todo el mundo para Jesucristo difundiendo por todo él su ver- dadera doctrina. 2.° que todos y cada uno de los fieles se conviertan en otros tantos misioneros, Es preciso que los terciarios, si no quieren romper con la gloriosa tradi- cién de sus antepasados y desviarse por completo del espiritu de su Santo Fun- dador, se pongan al frente de este movimiento misionero, secundando los de- seos de su Hermano mayor el Papa felizmente reinante, porque—a) si todo cristiano debe ser apéstol, mucho mds debe serlo aquel que forma parte de la _ porcién escogida del cristianismo, como llaman obispos y Pontifices 4 la Ve- nerable Orden Tercera, b) San Franciscisco infundié a su Orden un espiritu eminentemente apost6- lico, segtin se ha visto en la primera parte de este trabajo, y la Orden Tercera participa del mismo espiritu de la Primera, c) En todo tiempo la Orden Tercera ha sido apostélica: no hay ap6stfol tan celoso con el que no se pueda comparar al Terciario Raimundo Lull, el cual no persegufa otro ideal que la conversién de todo el Oriente, sobte todo de sarra- cenos y judios, a la verdadera fé; por esto anduvo durante 45 afios recorriendo el Norte de Africa, Siria, Palestina y Egipto, viniendo a parar por ultimo a Tu- nez, donde fué azotado y martirizado. (2) Esto mismo pretendfan los santos re- yes Luis de Francia y Fernando de Castilla en sus conquistas «Lo que deseo no es la extensi6n de un reino terreno, sino la propagacion de Ia fé en Jesucristo,» (5) son las palabras del primero y San Fernando decfa a! Sefior en la oracidn: »Sefior, Vos me sois testigo que no busco sino la extension de la fé en Vos y no las conquistas perecederas.» (4) 4Qué buscaba Colén al hacerse a la mar en el puerto de Palos? Almas para Jesucristo, nos dicen los historiadores. Es impo- sible dar cuenta del celo con que trabajaron nuestros grandes monarcas Isabel, (1) Acta A. S.- 1 Dic. 1919. (2) Pardo Bazan.--‘San Francisco de Asis,,--Cap. XVI pag. 473 y Sigs. (8) Fernando Murret ‘Historia General de Ia Igiesia,, T. iV pag. 538 (4) Ibidem pag. 586.
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