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| i ib ft i 3 ie | - i iz 4 it bs n ig 262 CONGRESO REGIONAL t6 su opinién de que los Terciarios deben favorecer alas Misiones Francis- canas. Pero el Ponente concilié con habilidad ambos pareceres, demostrando que no se oponen los intereses de la Propagacién de la Fe a los de las Misio- nes encomendadas a determinada Orden Religiosa; pudiendo nuestros Ter- ciarios favorecer a nuestras Misiones, sin dejar de pertenecer a la citada Obra universal. La oportuna intervencién del ponente, corroborada con las de varios Congresistas, encontré favorable ambiente en !a asamblea. Memorias de esta Ponencia Tema 5. Espiritu apostolico de la Orden Tercera. 1. Muy Iltre. Sr. D. Nestor Zubeldia. He aqui el extracto de la Memoria presentada por el Sr. Zubeldia. Ya en pasados siglos hubo Terciarios misioneros y martires. Nadie des- conoce la vida y martirio del Beato Raimundo Lulio, que después de reco- rrer varios paises del Oriente, pas6 a Berberia donde convirtié a gran ntime- ro de infieles entre ellos a setenta fildsofos mahometanos. Después de ochen- ta afios de vida dedicada a la predicacién del Evangelio entre infieles, fué martirizado en el afio 1315. Menos conocido es el Terciario franciscano Juan de las Indias, intérpre- te del Arzobispo franciscano de Kan-Balikh (Pekin), y que murié martir en el afio 1342. Gloriosos fueron también los Terciarios martires del Japén, cuyo herois- mo ha sido emulado recientemente por otros Terciarios franciscanos que constituyen ya otra pagina brillante de la historia de las Misiones. Todos los que leen el Afio Cristiano saben que el Terciario S. Luis Rey de Francia obtuvo en 1253 del Papa Inocencio IV que enviara nuevas expe- diciones de Franciscanos a Oriente para convertir a los infieles y mahome- tanos y sostener la fe de los cautivos catdélicos. No evoco estos recuerdos para excitar alos Terciarios a una empresa que no pueden realizar, ya que no les es posible trasladarse a paises de in- fieles; pero si deseamos que nazca en ellos el deseo de ayudar como puedan a los Misioneros. Mas antes de exponer la conclusién practica, me permitiré ofrecer a la consideracién de los Terciarios franciscanos de este Congreso los siguientes puntos: Es de fe que Cristo vino a salvar a todos los hombres, que quiere que todos vengan al conocimiento de la verdad y que murié por todos ellos. Es ciertisimo que Dios por sus altos y secretos y adorables fines, quie- i i

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